María Paz Gaviria no es una desconocida en la escena nacional criolla. En la retina de muchos permanece la picardía y espontaneidad de aquella niña que se robaba los reflectores con sus ocurrencias durante la Presidencia de su padre, el hoy director del Partido Liberal, César Gaviria. Luego, tras graduarse como historiadora del arte y en una apuesta decidida por la cultura, tomó las riendas durante 13 años en la dirección de la Feria de Arte Internacional de Bogotá (ArtBo). Sin embargo, ahora sí dará el salto a una arena que, aunque cercana por su familia, no deja de ser extraña: la política electoral. En diálogo con EL COLOMBIANO, Gaviria enarbola banderas como el turismo o la educación como sus propuestas , pero sin dejar de reivindicar la cultura. En esa línea, raja al Gobierno de Gustavo Petro en la materia y lamenta que sus promesas como candidato no se materializaran. Habla sobre su incursión en política y responde si es cierto que compitió por ser cabeza de lista, por encima de caciques liberales, al tiempo que defiende el cuestionado liderazgo de su padre al frente del Partido. La cultura es un hecho político; son los principios, las costumbres, los valores y las relaciones de poder que rigen a una sociedad. Es la identidad y diferencia en la cual podemos reconocernos como país, pero a su vez es la misma manera en que podemos unirnos. Se trata de la memoria, el arraigo y las conversaciones que necesita el país para tejer convivencia y forjar futuros distintos. La cultura también habla de educación. Vengo de una familia ligada al servicio y entiendo la política como el arte de servir. Escogí la cultura como mi manera de servir en la sociedad. Trabajé muchos años en el sector cultural afuera (en las artes plásticas) y luego en la Cámara de Comercio de Bogotá, buscando la promoción y posicionamiento de un país como un lugar de arraigo y un destino para la cultura y los negocios, porque generamos empleo e ingreso. Comenzamos con artes plásticas, pero luego tuve la oportunidad de liderar procesos reconocidos a nivel internacional en materia de moda, gastronomía, música y cine. Todo muy ligado a lo que significa emprender en Colombia. Para mí eso es político. Para mí la decisión de aspirar al Senado es la continuación de un camino de vida para generar oportunidades, cohesión y entendernos en la diferencia, así como en el arraigo de nuestras costumbres, valores, historia y proyección al futuro que significa el sector cultural. He sido una mujer muy afortunada. Nací en una familia que me dio ejemplo en lo público; mi madre siempre trabajó por la educación y la cultura como caminos para generar desarrollo y aperturar futuros posibles en una sociedad. Usted me pregunta por mi papá y no por César Gaviria, y si me pregunta por mi papá, le digo que he tenido un padre supremamente amoroso que siempre incentivó mi pensamiento crítico y propio, impulsándome y respetando mi anhelo de aspirar al Senado. Busco ser una abanderada del arte, la cultura, los sectores creativos y la innovación. Debemos entender la cultura en cadenas de valor amplias ligadas a la educación, el desarrollo económico y social. La idea es tener orgullo en lo nuestro y generar turismo, una imagen distinta de Colombia a nivel internacional. Estos son los sectores por los cuales seguiré trabajando. Esto va íntimamente ligado a la cultura y la educación, como elementos que también previenen violencias y deben estar ligadas a procesos de calidad y generación de empleo. Cuando hablo de desarrollo y cultura ello implica llevar cultura a la política, servir a la gente, menos promesas y más hechos. Apoyaré que sea más fácil emprender en Colombia y que el país se tecnifique con procesos de innovación y tecnología. También trabajaré para rescatar el sistema de salud, devolverle el respeto a la fuerza pública y lograr un Estado más eficiente con menos corrupción. Intervendría la Ley General de Cultura para conectarla con cadenas productivas y generar más inversión en las regiones de Colombia. El objetivo es que las infraestructuras culturales contemplen la programación, que sean fuentes para el turismo y la internacionalización de Colombia, tanto en materia de imagen como de inversión. Se requiere oferta. La Ley General de Cultura, que cursa en este momento en el Congreso, tiene preceptos valiosos, pero no tiene las herramientas ni para conectar las cadenas productivas ni para generar una descentralización en la inversión del país, pero tampoco tiene en cuenta la caracterización del sector. La cultura, por sus propios procesos, no es necesariamente propicio a la formalización y hay que generar esquemas que promuevan mejor protección social para los artistas, gestores y sectores creativos. Me gustaba el plan de gobierno que hablaba de inversiones más amplias, pero aunque hubo crecimiento presupuestal, estos no se han cumplido. No se dio la inversión en las regiones ni en los procesos creativos de Colombia. Es una bandera tanto para el sector cultural como para los sectores creativos. Esa bandera no la veo materializada. Tampoco se han generado marcos normativos que generen más protección y que comprendan de manera profunda la caracterización cultural del país. La narrativa. Hablamos de un país que se divide entre Bogotá y las regiones, entre el trabajador y la gran empresa, o entre la izquierda y la derecha. Necesitamos sacar adelante un modelo único de país, un desarrollo integral que comprenda que podemos tener una visión compartida. Esto se ha materializado en un deterioro profundo de la seguridad desde el campo hasta las calles, y en un sistema de salud que colapsó en medio de narrativas ideológicas que no respetaron la voluntad del Congreso. El país no necesita más discursos, necesita ejecución, datos, voluntad y políticas de largo plazo en materia de desarrollo. Usted bien lo dijo: se rumoró mucho, pero estoy muy honrada de ser la número 100 de la lista. Eso de ser lo último me gusta para lo que significa ver los lugares donde debemos mirar: la mujer, la niñez, el adulto mayor o la cultura. Estoy muy honrada de poner mi nombre a consideración de los colombianos. Esta es una lista abierta de voto preferente y estoy recorriendo el país escuchando a la gente para enriquecer mi propuesta. Estoy absolutamente honrada de ser la última, de hacer mi camino adentro del liberalismo. Me siento profundamente honrada por ser la número 100 y hacer carrera dentro del liberalismo. El partido ha creído que es importante buscar una candidatura que defienda la democracia y un modelo económico de desarrollo; el partido ha sido un abanderado del sistema de salud, está profundamente preocupado por la crisis de seguridad que se vive en Colombia y ha buscado los mecanismos para generar unión. Es el camino en el que sigue y es lo que necesita el país. No se trata de individualismos, sino de buscar consensos para poner al país en el rumbo correcto. Hay personas muy valiosas aspirando en este momento. Encuentro valor en varias de las candidaturas actuales, tanto del sector público como privado, pero aún no he escogido a quién acompañar. Sí creo que el país necesita un rumbo muy distinto, porque vamos por un rumbo equivocado. Hubiera querido que las promesas de cambio, de desarrollo y equidad se hubieran cumplido, pero no. Me preocupa. Debemos retomar un rumbo distinto de país. César Gaviria ha entregado su nombre al servicio del país. Admiro profundamente el papel que desempeñó en el siglo XX generando una sociedad con bases más justas y libres con la Constitución de 1991. Respeto y valoro su papel como abanderado de la democracia. Abrió la economía hacia el mundo y le dio un sentido de país a Colombia. Esa pregunta la deben responder las bases. El Partido Liberal es la colectividad más grande en la Cámara, tiene vocación de territorio y divergencia de pensamiento. Estoy en una colectividad que ha representado las grandes transformaciones de Colombia. Quiero ser una voz que represente las transformaciones históricas del partido. Me separé de David Barguil hace 10 años. Él es la cabeza de lista del Partido Conservador. Siempre dije que soy una mujer tan liberal que me casé con un ‘godo’. Tengo mucho respeto por sus procesos y, a pesar de las diferencias, mantenemos una amistad entrañable. Conozco a Leonor por mi trabajo en el sector gastronómico. Es una mujer que sabe lo que es emprender, quebrar y llevar las banderas de Colombia ante el mundo. Compartimos la visión de la gastronomía en la cadena de valor de la economía, desde el campo hasta la lucha contra el hambre. Me siento afortunada de contar con ella porque representa lo cultural y ha emprendido más de 200 proyectos en comunidades. Estoy concentrada en mi campaña y en que mi voz de mujer sea escuchada. Espero que eso redunde en una representación significativa para el partido. Estoy segura de que seremos una fuerza decisiva que va a crecer, respondiendo a un liberalismo fuerte en las regiones.