Una refugiada ucraniana en Salamanca desvela la cruda realidad en Kiev: "Mi familia vive sin agua y a bajo cero"

En el aniversario del inicio de la guerra entre Ucrania y Rusia, el testimonio de los refugiados que llegaron a España sigue mostrando la dureza del conflicto. En Salamanca, la fundación Proyecto Hombre les abrió sus puertas desde el primer momento, acogiendo actualmente a 23 personas que huyeron de la barbarie. El más pequeño tiene 7 años y el mayor 77. Una de estas refugiadas es Svitlana, quien vive desde hace dos años en las instalaciones de la fundación junto a su marido, aunque lleva cuatro en España. Sin embargo, parte de su corazón sigue en Kiev, donde permanecen su hijo, su hermana mayor y su sobrina. "Para mí es muy duro, pienso sobre él, y en mi hermana mayor", ha confesado. Su día a día está marcado por la incertidumbre y una pregunta que se repite constantemente: "¿Cuándo termina esta guerra?". Una cuestión para la que, según sus propias palabras, "nadie sabe" la respuesta y que resulta "difícil para los ucranianos y para el resto del mundo". Svitlana vive con el corazón en un puño por las llamadas diarias a su familia, que sobrevive en la capital ucraniana en una situación de completo desamparo. "Viven sin calefacción, sin agua, sin luz", relata. Las condiciones son extremas, con temperaturas exteriores que alcanzan los "10 o 20 grados bajo cero" y que dejan los termómetros de las viviendas en apenas "cinco u ocho grados". Manuel Muiños, director de Proyecto Hombre Salamanca, califica el conflicto como "una sinrazón que no tiene sentido ninguno". Según explica, "el dolor y el sufrimiento de todas estas personas es increíble". Aunque los refugiados "se sienten en paz, tranquilos y cómodos" en la ciudad, ven el futuro "oscuro" y sin esperanza de un final cercano. A pesar del tiempo transcurrido, Muiños subraya la importancia de no olvidar el conflicto y "hacer visible esta realidad". Insiste en la necesidad de "seguir generando esperanza" y garantizar que los refugiados "vivan en paz" mientras esperan el fin de una guerra cuya destrucción, asegura, es "terrible".