El crudo relato de Yulia desde el corazón de la guerra en Ucrania: "Allí todo es gris y triste"

Cuando se cumplen cuatro años del inicio de la guerra, el testimonio de los ucranianos que viven en nuestro país cobra más fuerza que nunca. Es el caso de Yulia, una vecina de Albacete que ha viajado a Ucrania hace apenas un mes y ha sido testigo de la dura realidad que atraviesa su país. Su testimonio refleja la situación de una nación marcada por un conflicto que ha llevado a más de 3.500 refugiados a asentarse en Castilla-La Mancha. La historia de Yulia está marcada por la pérdida personal y la preocupación constante. "Sigue ahí toda mi familia, tíos, tías, primos y primas", explica. Algunos de sus primos combaten como militares directamente en la línea del frente. La guerra ya se ha llevado a tres de sus familiares, "un chico de 20 años, otro de 30 y de 35", a quienes recuerda como "personas maravillosas". Yulia describe un país sumido en la oscuridad y el frío. Los cortes de electricidad son regulares y a menudo sin previo aviso, ya que "todas las centrales termoeléctricas y algunas hidroeléctricas han sido destruidas por los ataques rusos". Esto deja a la población sin calefacción ni agua en pleno invierno, con temperaturas que alcanzan los 15 grados bajo cero. La gente intenta sobrevivir comprando generadores y baterías, pero las soluciones son parciales. "Aunque tú tienes móvil cargado, igual, en dos o tres horas después del corte de la luz, no hay ni conexión", lamenta Yulia. Para ella, "probablemente este invierno sea el invierno más duro", porque a la falta de recursos se suma el agotamiento generalizado. El ambiente en las calles ha cambiado drásticamente. Durante su visita en enero a una ciudad situada a solo 80 kilómetros de Polonia, sintió una atmósfera densa. "Si antes se podía caminar con tranquilidad, ahora ya no es así", afirma. "Allí todo es gris y triste, y eso se siente en el aire". A pesar de todo, el espíritu de resistencia persiste. "Todos están cansados, queremos la paz, pero queremos que sea la paz justa", transmite Yulia, resumiendo el sentir de un pueblo que anhela el fin de la guerra pero no a cualquier precio. Nuestra región se ha convertido en un pilar fundamental tanto para la acogida de civiles como para la preparación de sus soldados. Más de 3.500 refugiados ucranianos han encontrado en Castilla-La Mancha un lugar de paso o un nuevo hogar, con núcleos de población destacables en ciudades como Villarrobledo o Guadalajara. Paralelamente, la Academia de Infantería de Toledo ha jugado un rol estratégico en el conflicto, siendo clave para la formación y adiestramiento del ejército ucraniano. Por sus instalaciones han pasado ya 3.500 militares ucranianos para perfeccionar sus habilidades y "volver al frente a seguir luchando por la libertad de su país". El conflicto se ha cobrado ya la vida de más de 15.000 civiles y ha dejado cerca de 40.000 heridos. Ante estas cifras y el dolor por las familias rotas, Yulia se aferra a un último resquicio de optimismo en medio de la desolación. "Es muy triste, pero esperanza todavía hay", concluye.