Lo que empezó como una jornada de reforma en 'DecoMasters' terminó convirtiéndose en uno de los momentos más íntimos de la edición. Samantha y Colate Vallejo-Nágera dejaron a un lado la brocha y el plano para abrir una herida que, aunque cicatrizada, sigue marcando su historia familiar. En mitad de una conversación espontánea, los hermanos recordaron a su padre, el ingeniero Jose Ignacio Vallejo-Nágera, fallecido en 2007. Y lo hicieron sin filtros. «Papá nos cambió por otros niños, la verdad. Nunca tuvo un sitio para nosotros en su segunda casa. No tuvimos fines de semana ni veranos con él...», confesó Samantha ante las cámaras. Una frase que resume una infancia atravesada por la separación de sus padres y por la sensación de ausencia. La charla comenzó casi con ligereza. Colate hablaba del amor que une al clan: «hay una vibra de mucho amor», decía orgulloso. Samantha, fiel a su estilo directo, matizaba entre risas: «No somos nada cariñosos. Menos tú, que eres muy pesado todo el rato con besos y abrazos». Pero el tono cambió cuando el empresario le preguntó si echaba de menos a su padre. «Me acuerdo un montón de él. Fíjate que nuestros padres estaban separados y que tampoco hemos convivido mucho con él... Me extraña todo lo que me acuerdo», reconocía la chef, dejando entrever esa mezcla de nostalgia y desconcierto. Samantha explicó que siempre ha sentido que en ellos conviven dos herencias muy marcadas: «Siempre digo que nosotros estamos divididos en dos: tenemos el gen Déroulède, el de mamá. Trabajador, muy exigente… y el gen Vallejo, que es el divertido, de patinar, cantar, extrovertido… porque papá era así». Si para Samantha el recuerdo está teñido de luces y sombras, para Colate la herida parece haber sido más profunda. «Yo tuve una relación complicada», admitía con resignación. La separación de sus padres supuso un punto de inflexión definitivo. «Mi vida cambió. Mi vida con papá, la moto, el campo... todo desapareció de la noche a la mañana», rememoró, dejando claro que el vínculo que mantenía con él era especialmente estrecho. La frase más dura llegó después, cuando Samantha verbalizó lo que de niños sintieron: «Papá nos cambió por otros niños, la verdad». No hubo dramatismo impostado, solo una constatación cruda de lo que vivieron. Según relató, nunca encontraron un espacio propio en la nueva vida de su padre. A pesar del dolor que evocan aquellos años, Samantha quiso subrayar que el tiempo ha hecho su trabajo. «No le guardo ningún rencor. Solo me acuerdo de lo bueno, de lo divertido que era, iba a cantar a las residencias...», aseguró. El programa de RTVE ha mostrado una versión más vulnerable de la chef, acostumbrada a ejercer de jurado firme y carismática en televisión. Esta vez, lejos de recetas y veredictos, se permitió mirar atrás sin escudos. La familia Vallejo-Nágera es amplia —Antonio, Ignacio y Mafalda completan el clan— y suele reunirse en Pedraza, donde Samantha regenta uno de los restaurantes más conocidos de la localidad segoviana. Pero en sus palabras quedó claro que el vínculo con la rama paterna fue, durante años, prácticamente inexistente. Un testimonio que va más allá del reality y que conecta con algo universal: la marca que deja la ausencia cuando llega demasiado pronto.