¿Sufres mareos al levantarte?: Por qué ocurren y cuándo acudir al médico

La sensación de aturdimiento o mareo al ponerse de pie de una forma demasiado rápida es una experiencia ocasional para muchas personas. Sin embargo, este fenómeno se vuelve más frecuente y relevante a partir de los 50 años, por lo que es fundamental comprender sus causas, cómo actuar para prevenirlo y, sobre todo, cuándo es momento de consultar a un profesional médico. Este cuadro sintomático se corresponde con lo que la literatura médica denomina hipotensión ortostática o postural, que no es otra cosa que una caída brusca de la tensión arterial al cambiar de posición, por ejemplo, al levantarnos del sofá o de la cama. El mecanismo es sencillo: al pasar de estar acostado o sentado a una posición vertical, la gravedad provoca que la sangre tienda a acumularse en las extremidades inferiores y el abdomen. En una situación normal, el sistema circulatorio responde de inmediato para bombear sangre de vuelta al corazón y, desde ahí, al cerebro. Cuando esta respuesta es más lenta de lo debido o resulta ineficiente, el flujo sanguíneo hacia el cerebro disminuye momentáneamente, lo que desencadena los síntomas característicos como visión borrosa, debilidad, el propio mareo e incluso, en casos más severos, un desmayo. Este fenómeno es más prevalente con la edad, ya que los mecanismos fisiológicos que se encargan de regular la tensión arterial y el tono de los vasos sanguíneos pierden parte de su eficiencia. Además, en la población de más de 50 años es habitual el consumo de ciertos medicamentos que pueden afectar a la presión arterial. Entre las causas más comunes se encuentran los cambios propios del envejecimiento, ya que los barorreceptores, unos sensores de presión ubicados en las arterias, funcionan con menor precisión con el paso de los años. La deshidratación es otro factor clave, puesto que un volumen sanguíneo inferior al adecuado contribuye a una presión arterial más baja. También influyen los efectos de ciertos medicamentos, como los antihipertensivos, los diuréticos o algunos antidepresivos, que pueden intensificar la caída de tensión al ponerse de pie. Del mismo modo, las comidas copiosas o con una alta carga de carbohidratos pueden provocar hipotensión postprandial en algunos adultos. Finalmente, ciertas condiciones de salud subyacentes, como enfermedades cardíacas, endocrinas o neurológicas, también pueden estar detrás de estos episodios. Algunos tratamientos pueden contribuir a estos mareos, en especial si bajan la tensión o modifican el equilibrio de líquidos. Por ello, en personas con mareos persistentes, el objetivo pasa por identificar desencadenantes y descartar el origen cardiovascular, metabólico o neurológico. Aunque sentir un ligero mareo de forma puntual no suele ser grave, su recurrencia puede afectar a la calidad de vida y aumentar el riesgo de caídas. Expertos recomiendan levantarse lentamente. Si has estado acostado, es aconsejable sentarse en el borde de la cama durante al menos 30 segundos antes de ponerse en pie, permitiendo que el cuerpo se adapte de forma gradual al cambio de postura. Si el mareo aparece, lo mejor es volver a sentarse y repetir el proceso más despacio. Mantener una buena hidratación a lo largo del día es igualmente crucial, ya que beber suficiente agua ayuda a mantener un volumen sanguíneo adecuado. Por el contrario, se debe evitar el consumo de alcohol y las comidas pesadas, pues pueden agravar la caída de tensión. Una medida útil puede ser ajustar la posición al dormir, elevando ligeramente la cabecera de la cama para que la adaptación de la tensión sea más suave. Además, el ejercicio regular y moderado, como caminar o la natación, mejora la circulación y la capacidad del cuerpo para regular la tensión. En casos de mareos frecuentes, las medias de compresión pueden ser un gran aliado para mejorar el retorno venoso. No todos los mareos son motivo de alarma, pero es fundamental saber cuándo es necesario pedir atención médica. Si los episodios ocurren de forma repetida o se prolongan más de unos pocos segundos, podría ser la señal de un problema subyacente que requiere diagnóstico. Cualquier episodio que resulte en una pérdida de consciencia, una caída o cualquier tipo de lesión debe ser evaluado de manera urgente por un profesional. Asimismo, es vital prestar atención a otros síntomas de alarma que puedan aparecer simultáneamente, como el dolor en el pecho, la dificultad para respirar, la visión doble, la debilidad en un lado del cuerpo o el habla alterada. Si los mareos llegan a ser tan frecuentes o intensos que impiden realizar las actividades de la vida cotidiana, es el momento de que un cardiólogo o un neurólogo realice una evaluación completa. La clave está en observar la frecuencia, la duración y si los mareos van acompañados de otros síntomas para poder actuar a tiempo.