La Vera Cruz, el templo más singular y misterioso de Segovia

Ubicada a extramuros y al norte de la ciudad de Segovia, la histórica capital castellana, alejada de todo, en una ladera pedregosa de los arrabales del barrio de San Marcos -al pie de la carretera a Zamarramala, muy cerca del convento de San Juan de la Cruz-, el viajero encontrará, rodeada por decenas de tumbas antropomorfas excavadas en la roca, uno de los templos medievales más singulares y enigmáticos de nuestro país. Es la esbelta, sencilla y robusta iglesia de la Vera Cruz , antaño conocida como del Santo Sepulcro, hito de la arquitectura románica, declarada Monumento Nacional , cuyos muros esconden a ojos de profanos numerosos secretos y misterios. Y es que todo rezuma a misterio y leyenda en el santuario. Empezando por su construcción. Oficialmente atribuida a los caballeros de la Orden del Santo Sepulcro, fue erigida en el siglo XIII como así aparece escrito en una lápida de los sillares. Una iglesia que más tarde, en el siglo XVI, pasaría a manos de la Orden de San Juan de Jerusalén, quedando abandonada tras la desamortización de Mendizábal para, finalmente, ya en época moderna, a mediados del pasado siglo XX, ser donada a la Orden de Malta, quien desde entonces custodia el templo. Pero lo cierto es que, como señalan algunos expertos, todo parece indicar que fue la Orden de los Templarios quien levantó la primigenia iglesia. Hipótesis argumentada y avalada por el envío de la reliquia del Lignum Crucis por el papa Honorio III -con su documento oficial emitido por el pontífice-, a los caballeros templarios de la población segoviana. Y por su diseño arquitectónico, que sigue el modelo de la Mezquita de la Roca y del Santo Sepulcro de Jerusalén, al igual que otros templos templarios semejantes como la encomienda portuguesa de Tomar (Portugal) o los navarros de Eunate y Torres del Rio. Una arquitectura, además, vinculada a determinadas ceremonias sincréticas e iniciáticas , a una simbólica muerte y resurrección. Como descubrirá el viajero, los canteros no construyeron un santuario al uso. Todo en el mismo tiene un porqué, esconde un mensaje y una razón de ser; en su ubicación, orientación, estructura y cada una de sus piedras. Cuenta con dos entradas . La portada principal, ubicada al oeste, con una orientación solar, coincidiendo con el eje del ábside, tiene cuatro arquivoltas -de dientes de sierra- con capiteles tallados con aves, guerreros en combate, sirenas, arpías y demonios atormentando a un pecador. La segunda portada, la secundaria, situada al sur, de arco de medio punto, con tímpano liso, muestra capiteles en los que aparecen grabados la escena de las Tres Marías ante el sepulcro vacío de Jesús con un ángel. Ya en su sobrio interior, el visitante, envuelto por las luces y sombras y el silencio, quedará embrujado. Su planta es dodecagonal, con doce ángulos y doce lados mostrando la simbología del número doce , que alude a las doce tribus israelitas, los doce apóstoles, las doce puertas de la Jerusalén Celeste, así como a las doce horas del día y de la noche y los doce signos del zodiaco. En ella, entre estandartes y banderas de la Orden de Malta, hallaremos el majestuoso retablo de la Resurrección , gótico-renacentista, del siglo XVI, la Capilla del Lignum Crucis -con los escudos de la Orden del Santo Sepulcro tallados en piedra y la hornacina donde se guardaba la reliquia de la cruz hasta su traslado a la iglesia de Zamarramala-, y en sus tres ábsides , un crucificado románico, del siglo XII, una talla de San Juan Bautista -patrón de la Orden de Malta-, y la imagen románica de la Virgen de la Paz. Pero es en el centro del templo donde el visitante quedará fascinado. Y es que en medio del dodecágono se alza el edículo, el núcleo y corazón del santuario. Un templete, también de planta dodecagonal, de dos alturas , decorado con motivos geométricos y vegetales, unido a los muros por arcos fajones que soportan la bóveda de medio cañón formando una simbólica palmera, que recuerda al Árbol Sagrado , y como referencia estelar la Luna. Posee cuatro accesos de arcos apuntados, orientados cada uno a los puntos cardinales. La sala inferior, parecida a una cripta, de baja altura, abovedada, apoyada en cuatro columnas, posee un singular fenómeno acústico de resonancia. La sala superior, cubierta por una bóveda de nervios paralelos de estilo califal, que se asoma y abre al ábside mayor, atesora una gran piedra a modo de altar de estilo mudéjar -con fustes zigzagueantes y arcos-, y dos pequeños habitáculos secretos que son en sí mismas un misterio, de los que se desconoce que función tenían, para qué servían. Ambas estancias están comunicadas y vertebradas por una escalera doble en la que, sin ser consciente de ello, el visitante realizará un camino mágico y espiritual , así como hermético e iniciático. Y es que subirá los escalones, al igual que los canteros iniciados y caballeros medievales- en un recorrido que se corresponde con los tres grados de iniciación -aprendiz, compañero y maestro-, a los tres mundos -tierra, atmósfera y cielo- y tres estados , cuerpo, espíritu y alma. El viajero no solo descubrirá la arquitectura y geometría mágico-sagrada y los enigmas de las ordenes caballerescas en la segoviana iglesia. Hay más misterios y leyendas por desvelar. No son pocos los que afirman que en ella se esconde un tesoro dejado por los templarios, quién sabe si ese tesoro no es otro que el del conocimiento escondido a ojos de profanos. Y son otros tantos los que relatan y afirman haberse topado en sus visitas con la figura fantasmal de un caballero deambulando por el interior del santuario. Y es que según cuenta la leyenda, en el templo mora el espíritu de un cruzado que murió, tras ser abandonado por sus hermanos, picoteado por los cuervos. Leyenda que sigue narrando que cuando el prior encontró el cuerpo sin vida maldijo a las aves, que desde entonces no han vuelto aparecer por la zona, y que el fantasmal caballero se aparece a todos aquellos que no son puros de corazón pidiendo justicia y descanso eterno. Así que no lo dude, la iglesia de la Vera Cruz bien merece un viaje. No solo guarda la atmósfera medieval, una especial energía, sino innumerables secretos. Es más amigo lector, si decide visitarla el Viernes Santo -cuando los caballeros de la Orden de Malta desfilan con sus negros hábitos en la procesión del Cristo Yacente y la reliquia del Lignum Crucis- o el día de San Juan -el 24 de junio, fecha en la que se celebra la reunión anual de caballeros, el Capítulo de San Juan Bautista de la Orden de Malta-, vivirá un auténtico viaje en el tiempo, una experiencia única y emocionante.