Fabián Cardell, psicólogo: "Estoy a favor, pero prohibir las redes a los jóvenes y no darles nada a cambio les puede generar una problemática"

El psicólogo y profesor especializado en menores y adicciones digitales Fabián Cardell participó esta semana en Poniendo las Calles, el programa nocturno de la COPE presentado por Carlos Moreno, El Pulpo, para analizar el creciente debate sobre el impacto de las redes sociales en los adolescentes. La entrevista, emitida en torno a las dos de la madrugada, abordó desde la propuesta del Gobierno español de prohibir el acceso a menores de 16 años hasta las señales de alarma que deben activar a cualquier familia. El programa arrancó con una cifra que puso en contexto la urgencia del debate. Según datos del Ministerio de Juventud e Infancia citados por El Pulpo, la inteligencia artificial de la red social X generó más de tres millones de fotografías de desnudos en apenas 11 días, entre las que se contabilizaron 23.000 imágenes de niños y niñas. El Ejecutivo español ha planteado pedir a la Fiscalía que investigue si plataformas como X, Meta o TikTok podrían estar incurriendo en delitos relacionados con la creación y difusión de pornografía infantil mediante sus sistemas de inteligencia artificial. A este escenario se suma un estudio de la Universidad Rey Juan Carlos, la Universidad Pontificia de Comillas y la Comunidad de Madrid que refleja que las redes sociales generan ansiedad en el 76% de las chicas y roban horas de sueño al 60% de los menores, mientras que TikTok se utiliza de forma compulsiva de manera generalizada. Preguntado directamente por su posición, el psicólogo no dudó, aunque matizó enseguida. "Si te tengo que dar una respuesta rápida, estoy a favor. Lo que pasa es que tiene matices. Esto es una medida que se ha ido gestando en muchos países." Cardell recordó que Australia ya ha prohibido las redes a menores de 16 años desde septiembre, y que Dinamarca, Francia, Portugal e Italia avanzan en la misma dirección, al igual que el Parlamento Europeo. Sin embargo, advirtió de que la experiencia australiana demuestra las limitaciones de la medida: muchos menores están consiguiendo saltarse los filtros que las plataformas han implementado, y quedan numerosos flecos por resolver sobre cómo se verificará la edad de los usuarios. "Solo en las familias o solo en los colegios no puede recaer el peso. Es un paso importante y necesario, pero quizá no puede ser el único", subrayó. Uno de los momentos más contundentes de la entrevista llegó cuando Cardell apuntó directamente al diseño de las plataformas como parte del problema El experto aludió a los juicios en curso en Estados Unidos contra las grandes compañías tecnológicas y advirtió de que prohibir las redes sin ofrecer alternativas reales podría generar nuevas problemáticas en los adolescentes. "Si prohibimos las redes y no les damos nada a cambio, les podemos generar otro tipo de conflicto", señaló. El dato más impactante de la noche llegó cuando Cardell citó un estudio reciente de UNICEF que pone cifras al malestar de toda una generación. "Dos de cada diez adolescentes dicen que no valen nada, que no tienen esperanza para el futuro. El 21,7% dice que la vida no vale la pena y el 20,7% ha pensado en quitarse la vida." Una oyente desde Cáceres lanzó la pregunta que millones de padres se hacen cada año. La respuesta de Cardell fue clara en su enfoque, aunque evitó fijar una edad exacta. Sí aportó un dato relevante: retrasar la entrega del dispositivo desde los 11 a los 13 años reduce en un 50% la probabilidad de sufrir sextorsión. Su consejo principal fue dar el móvil "con el puño cerrado e ir abriendo poco a poco", nunca al contrario, y hacerlo siempre acompañado de normas claras y diálogo. Apuntó además a una tendencia creciente: familias de un mismo colegio que se coordinan para retrasar colectivamente la entrega del primer teléfono, neutralizando así la presión social. Y añadió que las aplicaciones de control parental son útiles, pero solo como herramienta complementaria, "como unos ruedines para la bici", nunca como sustituto del acompañamiento real. Cardell ofreció una guía práctica para detectar una posible adicción digital en menores: irritabilidad fuera de lo habitual, bajada del rendimiento académico, abandono del grupo de amigos, renuncia a hobbies como el deporte y un comportamiento excesivamente celoso con la pantalla, como tapar el móvil o girar el ordenador cuando un adulto se acerca. En adultos, las señales pasan por necesitar dosis cada vez mayores de pantalla, refugiarse en ella ante cualquier malestar o haber intentado reducir el consumo sin éxito. El debate político y social en torno a la regulación de las redes sociales para menores no ha hecho más que empezar en España. El Gobierno tiene sobre la mesa la propuesta de restricción a menores de 16 años, pero los expertos como Cardell insisten en que la ley, por sí sola, no resolverá el problema si no va acompañada de un plan educativo sólido, formación para los adultos y una exigencia real de responsabilidad a las plataformas tecnológicas. El ejemplo de Australia, pionera en esta legislación, ya muestra que los flecos técnicos y los vacíos de implementación pueden erosionar cualquier norma bien intencionada. La pregunta que queda abierta es si España y Europa serán capaces de aprender de esos errores antes de repetirlos.