El hallazgo, identificación y descripción de un ejemplar octópodo –bautizado como Graneledone sellanesi– es resultado de más de dos décadas de trabajo científico liderado por investigadores de la Universidad Andrés Bello. Un hito que ha permitido dimensionar cuánto desconocemos aún de los ecosistemas profundos y cuán rápido los estamos alterando, al punto de que muchas especies desaparecerán antes de que siquiera las conozcamos.