Julián Quirós: «Me repele la visión heroica del periodismo; esta novela es un retrato humano del oficio»

«Buenas tardes, pues ya está comprendida la novela», dijo Julián Quirós a mitad de acto, después de que el resto de los intervinientes glosaran su obra. El director de ABC presentó su debut novelístico, 'El último brindis' (HarperCollins), en la Fundación Ortega-Marañón de Madrid. Le acompañaron en el escenario Juan Manuel de Prada, Pedro García Cuartango y Carlos Aganzo. «La corrupción es un espectáculo mucho más apasionante que la virtud», aventuró Cuartango. Citó el 'Edipo Rey' de Sófocles, y también a Joseph Fouché, el jefe de la policía que sobrevivió a la monarquía, la Revolución y Napoleón: todo hombre tiene su precio y lo que hace falta es saber cuál es. 'El último brindis', explicó, viene a ser la crónica de ese descubrimiento: una crónica disfrazada de ficción de una etapa que empieza con el procesamiento de Francisco Camps por el asunto de los trajes y que concluye con la muerte de Rita Barberá en 2016. «Es una novela negra sin derramamiento de sangre», sentenció ante una sala llena. Entre el público estaban Santiago Muñoz Machado, el embajador Giuseppe Buccino Grimaldo, Manuel Marchena, Gregorio Marañón, Manuel Mirat, Javier Cremades, Juan Abarca, Fernando Belzunce, Soledad Luca de Tena, Andrés Amorós, Emilio del Río, Cristina López Schlichting, Javier Gómez de Liaño, Ignacio Gómez de Liaño, Jordi García Tabernero, Paula Varona, Enrique Ybarra, Antonio San José y Ramón Tamames, entre otros. Prada tomó la palabra y dijo: «La novela es bastante misericordiosa en su mirada hacia estas gentes que se han dedicado a hacer todo tipo de trampas y prevaricaciones y saqueos del erario público. Parece que el autor viese en estos personajes algo de las figuras de las fallas valencianas: arden, pero en su combustión hay algo alegre. Es difícil encontrar un personaje sombrío, maligno, quizás el peor sea el fiscal ». Hubo risas en el público. «Si algo nos enseña la vida es que ninguno somos plenamente inocentes ni culpables. Los peores también tienen recovecos. Y los buenecitos también esconden puñales de perfidia». Aganzo destacó el humor de la novela, y Prada señaló el retrato del director, que llega a Valencia para trabajar en un periódico local. Aunque avisó: «Los personajes de una novela nunca son el trasunto de otra persona: no leamos la novela así». Por ejemplo: no es Quirós, dijo, un gran bebedor. En cambio, a Yelbes, el personaje de la novela, «le gusta empinar el codo como empinamos el codo los españoles . Decía Chesterton que el católico bebe para recordar que está alegre y que el pagano bebe para olvidar que está triste». Otra vez hubo risas. «Yo me reconozco en el narrador, no en el director», explicó Quirós. «En lo que más me parezco a Yelbes es en que cita a Montanelli: lo que me ha salvado de tantos años de oficio es no tomarme nunca en serio». Y continuó: «Me repele esta visión heroica del periodismo, nunca me ha interesado. Cuando nos vendemos como supermanes la sociedad no nos cree, porque ya no es ingenua. Este libro es un retrato humanizado de los periodistas». También dedicó tiempo a mencionar a los santos inocentes de esta historia, «esa gente honrada, esa gente buena arrasada simplemente porque el tsunami pasó por allí». Gente, recordó, que vendió su casa para pagar el precio de demostrar su inocencia. «La impunidad y la inmunidad del poder político fue enorme. Pero de repente eso dejó de valer, se convirtió en chatarra, y se transfirió esa inmunidad y esa impunidad a los medios de comunicación y a los fiscales», remató.