Parece una maldición bíblica irremediable y puede que lo sea. Pero el rechazo al auge de la extrema derecha cobra pulso en favor de la acción antifascista y antiimperialista internacional. El racismo, el sexismo, la xenofobia y el ataque generalizado contra los derechos sociales, las libertades públicas, los servicios públicos y el medioambiente despiertan la nueva voz de alarma en el mundo. Es la intensificación de las agresiones imperialistas y coloniales con el objetivo de controlar los recursos naturales y dominar a los pueblos. La coordinación común es imprescindible para contrarrestar esas actitudes que se sirven de la democracia con la idea de neutralizarla.