Quien se adentrase en la inversión en bitcoin impulsado por las políticas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habrá visto ahora cómo esos ahorros se han desvanecido rápidamente precisamente como consecuencia de una de las decisiones tomadas en el Despacho Oval de la Casa Blanca: la reactivación de la guerra de los aranceles ha derribado aún más la cotización de la criptomoneda, que se ha dejado un 30% de su valor por el camino en apenas dos meses. Por ahora, 2026 no está siendo su año ni el de quienes se adentraron en la vorágine de este mercado hace pocas semanas. La deriva en la que se mueve el bitcoin le ha rebajado expectativas hasta situarlo en el entorno de los 63.000 dólares. A finales del año pasado cotizaba por encima de los 100.000 dólares. El declive es una mezcla entre causas estructurales -no es ahora mismo un activo tan atractivo frente a otros- como puramente coyunturales. Y en este último caso la guerra comercial reabierta por Trump en los últimos días ha dado la puntilla a una herramienta de inversión no exenta de riesgos. El desplome acumulado en las últimas semanas se ha visto contagiado por la decisión de Donald Trump de imponer nuevos aranceles tras la reprimenda de la Corte Suprema, que le ha instado a rehacer su política comercial pasando por el Congreso. Para Sergio Ávila, senior market analyst de IG, «no nos encontramos ante un problema 'cripto' sino que es macro». Se refiere a que «el miedo a una nueva guerra comercial de Estados Unidos ha disparado el apetito por el oro y ha puesto en venta bolsa y activos de riesgo, bitcoin incluido». Además, se da la circunstancia de que los grandes inversores del mundo ya han interiorizado que las criptomonedas no son, por ahora, lo que eran. No tienen el atractivo o el aura con el que contaban hace unos meses. Y estos agentes, denominados en la jerga de las criptomonedas como ballenas, han comenzado a vender. «Es el típico movimiento de toma de beneficios y aumento de oferta potencial de venta», indica Sergio Ávila. Al final, no deja de ser una tendencia a la baja a la que se siguen sumando el resto de pequeños inversores, aunque para muchos de ellos ya es demasiado tarde a tenor de las minusvalías acumuladas en sus carteras virtuales. Hasta hace no demasiadas semanas, las inversiones en bitcoin eran consideradas como un auténtico refugio a prueba de todo tipo de complicaciones financieras. Prácticamente como le ha ocurrido a lo largo de toda la historia al oro. Sin embargo, hay un pequeño gran matiz que ya se ha roto: el oro sigue siendo un escudo mientras que la protección que envolvía a las criptomonedas ha desaparecido por completo. Para Manuel Pinto, responsable de análisis de XTB, mientras los mercados tradicionales de valores también muestran volatilidad, el comportamiento reciente del bitcoin «ha puesto en duda su narrativa como activo refugio u oro digital». A diferencia del oro —que ha mostrado fortaleza en medio de la incertidumbre—, «las criptomonedas parecen estar reaccionando como activos de riesgo, que echan en falta el apalancamiento». Con la política comercial estadounidense en el centro de la escena y la volatilidad aún elevada, «los inversores se mantienen cautelosos» , sostiene este analista. Pinto considera que el mercado cripto enfrenta ahora un momento decisivo, con el nivel de los 60.000 dólares como próximo punto crítico si continúan las presiones bajistas. El problema de las criptomonedas, en general, y del bitcoin, en particular, es que suponen un arma de doble filo para los inversores, sobre todo los pequeños ahorradores que acuden a este tipo de estrategias, movidos por muchos mensajes en las redes sociales donde no les advierten del riesgo que corren. Al ser un activo sin respaldo, se mueve en función de la oferta y la demanda. Pura y llanamente así. Por eso, ante subidas, se ven fortalecidos en su posición con la que parecen estar ganando mucho dinero. Pero nadie se libra de caídas como la actual, en una espiral de ventas cada vez más elevadas. La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) recuerda de forma recurrente que las criptomonedas pueden llegar a ser arriesgadas , entre otras variables, porque no tienen la consideración de medio de pago, no cuentan con el respaldo de un banco central u otras autoridades públicas y no están cubiertas por mecanismos de protección al cliente como el Fondo de Garantía de Depósitos o el Fondo de Garantía de Inversores. Además, consideran que es una inversión de alto riesgo. Se estima que hay más de 7.000 criptomonedas en el mercado con características similares a las del bitcoin. Se trata de instrumentos complejos, que pueden no ser adecuados para pequeños ahorradores y cuyo precio conlleva un alto componente especulativo, que puede suponer incluso la pérdida total de la inversión.