Hace poco más de un año, Jesús Carmona (Barcelona, 1985) dejaba inesperadamente la dirección del Ballet Español de la Comunidad de Madrid apenas catorce meses después de su nombramiento. Una breve publicación en Instagram fue la única explicación. No dijo nada más. Tampoco lo hace ahora, cuando la persona que tuvo más que ver con su decisión, Antonio Castillo Algarra -hasta hace unos días codirector de la compañía-, ha caído en desgracia. Agua pasada no mueve molino. Es posible que Carmona esté, íntimamente, disfrutando del momento, pero tiene cosas más importantes por las que disfrutar, como el estreno este viernes 27, en el Centro Danza Matadero, de 'Tentativa' , su nuevo espectáculo, en el que ha contado con la colaboración como director escénico de Luis Luque . Manu Masaedo es el director musical del espectáculo, que cuenta además con Teresa Hernández, Kike Terrón, Gabriela Giménez y El Peli (músicos) y Sofía Lasheras, Juan Bravo, Lucía Campillo, Pablo Egea y Aitana Rousseau (bailarines). «Si he de serle sincero, este espectáculo nace del empuje de María Pagés -directora, junto a El Arbi El Harti , del Centro Danza Matadero-. No tenía claro hacia dónde quería ir; si hacer un espectáculo coral, si hacer un solo, si esperar un poco... Y María me llamó porque quería que estuviera este año en el Centro. Ese fue el motor que me hizo releer libretas antiguas y empezar a empaparme otra vez de mí, de quién era y qué hacía. Y de ahí nace 'Tentativa', de mi necesidad de revisitar al Jesús Carmona de sus inicios; de su necesidad de bailar, de conectar con el público desde un lugar 'sencillo'». Y ahí, dice el bailaor, premio Nacional de Danza en 2020 y premio Benois de la Danse un año después, empezó 'Tentativo', que es «una prueba, una búsqueda, un no saber qué vas a encontrar... Y en todo ese camino hemos encontrado muchas capas que nos han ayudado a a crear una composición coral interesante». Buceando junto a Luis Luque en esas distintas capas que tiene el espectáculo, asegura Jesús Carmona que ha descubierto «la necesidad que tenía de reír. Me he reído muchísimo durante todo el proceso, o sea, todo ha surgido desde una sonrisa; tenía mucha necesidad de que eso sucediera, de volver a entrar en mí, y ha sido de algún modo curativo. Este espectáculo me ha hecho volver a poner los pies en tierra y decir: 'Este es el Jesús de siempre, el Jesús que busca una sonrisa, el Jesús al que le gusta trabajar desde el amor y sentirse abrazado por mi equipo'. Todo eso me ayudado a reafirmarme en quién soy, en cómo trabajo yo y cuál es mi forma». Es, afirma, un espectáculo más luminoso que los últimos que ha hecho. «Va de menos a más. Son tres escenas, y evoluciona desde una estética mucho más contemporánea, mucho más de investigación, hacia algo más tradicionalista, más luminoso, más abierto. Hemos desaforado el escenario al completo, usamos todo el espacio». Dice Jesús Carmona que llevaba tiempo queriendo 'enredar' a Luis Luque, pero las agendas de los dos no habían coincidido hasta ahora. «Lo que más me llama la atención de Luis es la poética que tiene en los tiempos; en cómo se llega a un lugar, en cómo se pasa de un lugar a otro... Me gusta cómo encuentra belleza en lo simple. Yo tiendo a cargar y él lo simplifica... Él me dice, en broma, que es 'mi Roomba', que limpia y aspira lo que yo planteo -ríe-. Es algo que me admira en él, yo soy mucho de meter información y él todo lo contrario. Pero hemos encontrado un nexo de unión. Está sosteniéndome a mi, a todo el equipo y el proyecto de una forma muy bella». La presencia de un director de escena en su espectáculo tiene una razón de ser. «Yo soy una persona muy organizada, muy metódica -asegura-. Lo apunto todo en mi libreta y suelo tenerlo todo muy claro. Pero cada vez me gusta más el debate, tener a mi lado a alguien que me contradiga y me aporte otro punto de vista. El trabajo de Luis ha sido no tanto organizar como encontrar una dramaturgia a partir de las conversaciones eternas que hemos tenido». Y es que el flamenco mira cada vez más hacia afuera. « El flamenco ha de nacer de dentro, porque de otro modo no tendría paladar ni tendría gusto, pero creo que cada vez tiene una mirada mucho más abierta y se hacen proyectos combinados también mucho más abiertos. Los flamencos nos sentimos cada vez más catalizadores de la sociedad; naturalmente hay una corriente de espectáculos que se acercan más al festejo y buscan responder a esa necesidad de darle al público una salida ante lo que estamos viviendo en el mundo». Pero el flamenco ya no es mero entretenimiento. «En absoluto; 'Tentativo', por ejemplo, tiene muchas capas. Una parte de los espectadores puede verlo simplemente como entretenimiento, pero hay otro público con un mínimo de conocimiento y de capacidad emocional que encuentra los hilos que hemos dejado sueltos y tira de ellos. Hay mucha simbología en este espectáculo, mucha emoción... Por eso el subtítulo: 'Paisajes reales', porque hay muchos momentos reales de cada uno de nosotros». Llevar esa realidad personal al escenario no duele, dice Jesús Carmona, «cuando lo haces con amor. Entonces surge de una necesidad y una intuición. En este espectáculo, la intuición está jugando un papel muy importante, el noventa por ciento de las cosas que han surgido de manera intuitiva se han acabado incorporando al espectáculo. La mayoría de las ideas no se han desechado, sino que se han transformado».