Todo estaba medido para esquivar el desastre, hasta el detalle más nimio; y arrancó en 1543, con una Real Cédula que ordenaba «que todos los navíos que hubieren de ir a Indias» partieran «en sus flotas siempre juntos» dos veces al año. Aquel epígrafe fue el germen de un sistema que, durante trescientos años, redujo a la mínima expresión los asaltos a los convoyes de Su Majestad Católica. «Es un buen ejemplo de lo importante que es la llamada disuasión. A pesar de lo que ha repetido la Leyenda Negra antiespañola, los piratas no se atrevían a atacar porque la superioridad de nuestros buques les impedía alcanzar sus objetivos», explica a ABC el coronel Adolfo Morales Trueba, destinado en la... Ver Más