Sacudía las entretelas de la cultura patria Pérez Reverte, o más bien lo intentaba con indudable y sano afán polémico, pues esta a mi entender se encuentra ahora mismo indiferente a lo que antes importaba o narcotizada o abducida por sectarismos como la prohibición de los toros o el veto a debatir libremente y sin la carga censoria de la memoria impuesta. El caso es que el académico no hace mucho criticó la andadura actual de la RAE con nostalgia grande de los tiempos en que limpiaba, fijaba y daba esplendor o en que marcaba normativamente lo que se podía decir y lo que no o sus grandes polemizaban, ya fueran Vargas Llosa o Javier Marías o lanzaban el dardo en la palabra, como el añorado Lázaro Carreter, sin miedo a que algún genio con boina de pronto les colocara el corazón a la derecha.