Pedro Fresco: "Muchos empresarios me dicen que si se prorroga la nuclear, paran de invertir en renovables"

Pedro Fresco (44 años, Valencia) es director general de Avaesen, la organización empresarial de las energías renovables en la Comunitat Valenciana. Es una de las voces más destacadas en España contra la desinformación sobre las energías renovables. Todavía hoy, confiesa, sigue encontrándose con bulos: "La última vez, el viernes pasado, y viniendo de un ayuntamiento". Hace dos años dedicó un libro a la desinformación y ahora vuelve a abordar este asunto en El arte de impulsar el cambio (Barlin Libros), donde señala que una buena parte de la izquierda ecologista quiere acabar con la contaminación global, pero sin reconocer que la solución pasará por la tecnología y la participación de las empresas. En una conversación con infoLibre aborda los desafíos de su sector, entre ellos la incertidumbre sobre qué ocurrirá con la central nuclear de Almaraz , que ha pedido funcionar tres años más, hasta 2030. "La pelota está en el tejado del Gobierno. Si el Gobierno quiere mantener su política energética tendrá que decir que no", opina Fresco en esta entrevista. El libro empieza y termina con un mensaje optimista sobre la lucha contra el cambio climático. ¿Por qué ha decidido escribir en positivo en un momento tan convulso? Precisamente porque hace falta viendo el pesimismo que hay en el mundo. Parece que todo va a peor y la sociedad está prácticamente en un estado de nihilismo. Y hay que combatirlo. El optimismo ahora es revolucionario, y sin él no hay acción, no hay cambios. El pesimismo es una estrategia para que nada cambie. ¿Dentro del sector de las energías renovables hay pesimismo? Es transversal a toda la sociedad. En la energía hay una percepción de que entre el trumpismo y algunas voces europeas que piden replantear el Pacto verde, hay menos optimismo que hace dos años. Pero los fundamentos de la transición energética son sólidos. Hay solidez tecnológica y económica, y es nuestra obligación ser optimistas. Si alguien pensó alguna vez que la transición energética iba a ser un camino de rosas, se equivocó. Hay enemigos poderosos en su contra, y no se iban a quedar sentados esperando a desaparecer. De hecho, ahora el panorama político les permite resistir. ¿Cómo afectaría un cambio de ciclo político en España a las renovables? Habría que ver la configuración de ese Gobierno, por ahora es algo incierto. Nosotros detectamos que hay autonomías gobernadas por el Partido Popular que son proclives al desarrollo de las energías renovables. Sin embargo, hay sectores que podrían llegar al Gobierno mucho más hostiles. Es incierto qué podría traer un cambio político, pero yo soy partidario de no ser pasivo en estas cuestiones y no esperar a ver qué pasa. En España hay un grado muy alto de población favorable a las energías renovables, y ese consenso social debería evitar que un futuro Gobierno cambie la política energética. En abril se cumple un año del apagón y, nada más suceder, muchos corrieron a culpar a la solar ¿Eso hizo daño a las renovables? Este caso es muy interesante porque demuestra que los enemigos de la transición energética están ahí. Estaban agazapados debajo de las piedras, porque no era su momento, pero aparecieron cuando pudieron sacar provecho para frenar la transición energética. En el caso del apagón, se vio muy claro. Obviamente no ha sido bueno para las energías renovables porque esos mitos, que con descaro se dijeron desde el primer minuto en España, se han quedado en el imaginario de mucha gente. Cuando eres el primero en lanzar un mensaje en un debate público, aunque sea falso, cala, y eso es lo que hicieron los manipuladores. Dicho esto, para lo que podía haber pasado, realmente no ha pasado nada. La mayoría de la gente cree que las renovables no tuvieron nada que ver ese día. El apagón fue un daño contenido. ¿Y hay riesgo de apagón esta primavera llegado el momento en el que la energía solar vuelva a generar cerca del 100% de la luz que consumamos? ¿Esta primavera? No. Y creo que no veremos un apagón en mucho tiempo. Ahora bien, al mínimo parámetro que se altere en el sistema eléctrico volverán a aparecer los titulares de que hemos estado casi ante un apagón, porque ya hay un sustrato de gente que intenta asustar con esto para defender sus intereses. Bien sea para atacar la transición energética o para defender la continuidad de las centrales nucleares. Pues precisamente le quería preguntar sobre la nuclear. En los últimos meses los propietarios han ganado mucha fuerza en el debate energético y se ven preparados para extender la vida de la central de Almaraz. ¿Qué opina? Es obvio que la situación es distinta a la de 2019, pero en mi opinión no hay ninguna causa que justifique romper la política energética que se fijó en España. No hay una demanda eléctrica adicional que justifique la extensión de los reactores, ni hay un plan para cambiar la política vigente. Simplemente hay una petición para alargar dos y tres años la vida de dos reactores, algo claramente anómalo que nunca se ha hecho porque cualquier petición ha sido siempre por diez años. Al final yo creo que la pelota está en el tejado del Gobierno. Si el Gobierno quiere mantener su política energética tendrá que decir que no a esa prórroga. Y si el Gobierno al final acaba diciendo que sí a esa prórroga, pues habrá hecho saltar por los aires su propia política energética con consecuencias evidentes en la inversión de renovables porque si las centrales nucleares continúan en España la inversión renovable será muchísimo menor. ¿Le han llegado a decir empresarios del sector de las renovables que están dispuestos a parar sus proyectos si sigue adelante la prórroga nuclear? Muchas empresas me han dicho claramente que si se extienden los nucleares se va a paralizar la inversión en renovables. Pero tampoco hay que ser especialmente perspicaz para darse cuenta de eso. Si 50 o 55 TWh anuales de energía nuclear que iban a ir desapareciendo progresivamente hasta 2035, no desaparecen, hay menos hueco para las renovables. Hay dos estudios muy recientes que ahondan en esto, de Natalia Fabra y de Eloy Sanz. Pero lo curioso es que hasta que no han aparecido estos dos estudios, la opinión pública asumía que la extensión nuclear no tendría ningún impacto negativo. ¿Y cree que esta miniprórroga de tres años podría ser la antesala para luego, más adelante, pedir un café para todos? ¿Que el resto de centrales hagan lo mismo? Es posible, pero yo creo que lo que hay que tener en cuenta es que la miniprórroga es el peor escenario de todos. Porque se traslada automáticamente la percepción al inversor de que probablemente se extiendan a todos los demás, pero sin saber por cuánto tiempo. Eso hará que la inversión en renovables se reduzca mucho, pero sin la certeza de que las nucleares se vayan a quedar después. Cambiando de tema, buena parte del libro aborda las contradicciones de una parte de la izquierda alrededor de la transición energética. Que en el momento que las energías limpias comienzan a ser un negocio, empiezan a verse con escepticismo... Resulta sorprendente. Desde 2019 hasta hoy ha pasado la guerra de Ucrania y la crisis energética derivada de la dependencia del gas ruso. Y ahora con Trump, vemos cómo Estados Unidos está usando esa misma dependencia como método de coacción. Que después de todo eso siga habiendo determinados sectores de la izquierda y del ecologismo en el mismo punto de tecnofobia porque las renovables dependen de las empresas –grandes y pequeñas– y busquen excusas contra ellas, me parece increíble. Me parece una posición cínica y profundamente equivocada. De hecho, fue un encontronazo con Compromís y su oposición a la fotovoltaica en el campo lo que le hizo salir de la Generalitat hace tres años. ¿Hoy todavía le ocurre? Sí, se ve por ejemplo a nivel municipal. Ves a alcaldes que te compran todo el libro de bulos contra las renovables. Hoy es lunes. Tuve un caso el viernes. De un asociado que recibió un informe de un ayuntamiento lleno de barbaridades en el que se veía que había un sesgo claro contra una instalación solar. También hay un problema a la hora de atraer a la opinión pública hacia las renovables con el argumento de que abaratan la electricidad porque en la factura de la luz no se ven esos precios cero de los que tanto se habla. Claro. Tiene que ver con la naturaleza de las tarifas. A un consumidor doméstico el precio de la energía en el mercado le afecta de manera minoritaria, no como a un industrial. Cuanto más pequeño es un consumidor, más pesan los peajes, los cargos y los impuestos. Y además, estamos en una situación especial en España desde el apagón, con un funcionamiento reforzado de la red eléctrica. ¿Aboga por retirar el impuesto especial de la electricidad? Lo ha hecho Portugal y es a menudo reclamado por las empresas energéticas Si queremos descarbonizar, tenemos que electrificar. Y si queremos electrificar, tenemos que hacer que la electricidad sea estructuralmente barata. Está muy bien bajar los precios del mercado a través de las renovables, pero tenemos que ver todo el resto de costes. Ciertos impuestos sobre la electricidad que habría que eliminar, o trasladar a los combustibles fósiles. Los cargos de la luz, que también podríamos trasladar a los combustibles fósiles. También reducir los costes de redes. Para terminar, ¿qué autocrítica hace sobre el trabajo de las renovables en los últimos años? Bueno, obviamente ha habido proyectos renovables que no tenían ningún sentido, pero esos proyectos han acabado cayendo en las autorizaciones administrativas. Yo creo que en la Comunidad Valenciana todos los proyectos polémicos han caído, y en toda España probablemente también. Cuando hablas con las empresas, te reconocen que en algunos casos no habían aterrizado bien en los ayuntamientos, o no habían sido del todo transparentes. Pero todo eso está cambiando y hay autocrítica. Donde no veo autocrítica es en el otro lado, que siguen rechazando las renovables, pase lo que pase.