Al término de la Guerra Civil española, los buques que sobrevivieron a ella resultaban ya bastante obsoletos, por lo que una de las prioridades de la Armada era la adquisición de nuevas unidades o, mejor aún, acometer la construcción del mayor número de ellas en astilleros nacionales, con el fin de tratar de potenciar la industria naval. En ese orden de cosas, se redactaría en 1942 un ambicioso Programa Naval que, entre otras metas a alcanzar, contemplaba la construcción de una serie de torpederos y corbetas, amén de algunas unidades menores. Los primeros, a los que pertenecía el Ariete, serían inspirados en el proyecto francés de la clase ‘Le Fier’ y serían encargados al por entonces llamado Consejo Ordenador de Construcciones Navales Militares, que decidió que toda la serie se hiciera en la factoría de El Ferrol, por entonces del Caudillo.