El otro día celebré por los medios un acto en la Moncloa sobre los 600 años de la llegada del pueblo gitano que me pareció emocionante. Se concedieron medallas a distintas personas y se apostó desde el actual gobierno por la inclusión y la reparación. Los discursos que se dieron por parte del presidente y de trabajadores del activismo fueron dignísimos. Y ya las cantaoras y cantaores flamencos hicieron llorar. La satisfacción se respiraba en el ambiente. Le pido a Dios que esa satisfacción no fuera una mezcla de catetismo dada la alta institucionalidad reinante, porque la satisfacción auténtica no las dan las palabras bellas, sino las tareas emprendidas. Pero seamos de momento agradecidos porque en general fue un acto muy bonito y es cierto que después de las promesas auténticas puede venir la acción prometida. Así que esperemos con ilusión y cautela. Sin embargo, vi algo que no me pareció elegante porque no hacía justicia con una persona: por las redes, advertí de casualidad y casi de refilón, a una bella andaluza que estaba invitada pero en segunda fila y sin discurso, siendo como es un hada madrina del pueblo gitano. Porque miren, entiendo que en la lucha por la inclusión, los políticos y entidades sociales hacen una labor encomiable. Pero cuando no hay financiación se acabaron los programas contra la discriminación. Incluso para los políticos, sus deberes emanan de sus cargos; sin cargos, ya no hay deberes. Pero cuando aparecen personas independientes, que arriesgan (y pierden) su propio patrimonio, conseguido con tanto esfuerzo, para realizar campañas, espacios y películas que denuncian el racismo y exigen reparación histórica, ellas solitas son la base fundamental de las sociedades civilizadas. Y por eso son ellas las que tienen que ocupar la primera silla (aun cuando ellas no quieren esos honores). Son innumerables las obras realizadas por Pilar Távora durante toda su vida para dignificación del pueblo gitano. Tan solo, por mencionar algunas, la serie ‘Gitanos andaluces’, fue preciosa, real y dio una bofetada sin violencia a todos los racistas, y la ‘Gran redada’, película/documental sobre un holocausto escondido contra los gitanos, está dando vueltas por todo el globo para explicar los porqués de muchas cosas que había que explicar. Así que si ese acto de la Moncloa se repite en la Junta de Andalucía, ruego que nuestra tierra sí ponga a Pilar en la silla primera que por historia, justicia y, sobre todo futuro, merece.