"La ciencia es muy necesaria. Lo que hago en mi libro es precisamente defender la ciencia"

Entrevista con la filósofa Marta Tafalla, en cuyo último libro, 'Paradojas de la experimentación con animales. Ética, salud y crisis ecológica' (Plaza y Valdés), defiende que es posible el avance de la ciencia sin utilizar a otros animales para experimentación y destapa las contradicciones de una mirada supuestamente racional, que se sostiene solo desde el antropocentrismo y los intereses de un inmenso negocio, del que viven muchas empresas y está muy bien conectado con otros sectores de negocio poderosos, como las industrias farmacéutica, ganadera, piscícola o militar Como muchos temas que tienen que ver con la relación de los humanos con los otros animales, el debate en torno a la experimentación con nuestros compañeros de viaje para “beneficio” de nuestra especie viene de lejos, de la Grecia clásica. Sin embargo, la experimentación actual incorpora nuevas dimensiones a una dinámica de explotación que, supuestamente, se basa en la racionalidad, cuando lo cierto es que la razón, la luz, está muy lejos de ser lo que sostiene un campo que mueve mucho dinero y en el que hay enormes intereses económicos. La experimentación con animales es, además, poco efectiva, no solo en términos morales sino también de resultados. El noventa por ciento de los medicamentos que funcionan con animales no tienen el mismo efecto con los humanos. El reciente debate en torno al anuncio de Mariano Barbacid, en el que el científico español “vendió” una cura contra el cáncer de páncreas cuando solo se había demostrado en ratones, es una muestra de este desfase. Muchas científicas y científicos, tanto dentro como fuera de España, han alertado contra este tipo de anuncios. La filósofa Marta Tafalla bucea en torno a este debate en su último libro, Paradojas de la experimentación con animales. Ética, salud y crisis ecológica (Plaza y Valdés) , un ensayo concienzudo y muy sólido en el que defiende que es posible el avance de la ciencia sin utilizar a los animales como cobayas y destapa las contradicciones de una mirada supuestamente científica y racional que, en último término, se sostiene únicamente desde el antropocentrismo. “Que algo pueda ser útil o beneficioso para alguien no significa que sea moralmente correcto”, explica en esta entrevista. Es un libro que abre muchas capas en torno al maltrato animal, pero diría que la madre de todas las paradojas en torno a la experimentación científica con animales es que se justifica a partir de la razón, pero lo cierto es que, como demuestras, es más bien el ejemplo de todo lo contrario, de la sinrazón, una consecuencia de nuestro antropocentrismo y de nuestra soberbia, a veces movida por oscuros intereses empresariales. Citas decenas de casos de estas paradojas, pero uno de ellos es el del tabaco. Se investigan los efectos del tabaquismo en animales en lugar de poner el foco en las tabaqueras y sus clientes/víctimas. Una parte de la experimentación en animales se justifica apelando a nuestra salud. Supuestamente, si provocamos enfermedades a los animales y les hacemos sufrir a ellos, encontraremos la cura de esas enfermedades y dejaremos de sufrir nosotros. Es el argumento del sacrificio, que tiene un origen religioso. Sin embargo, en muchos casos la relación entre salud y experimentación es incoherente. El tabaco es un ejemplo claro: nuestra sociedad sacrifica animales para estudiar en sus cuerpos los efectos nocivos del tabaco y proteger la salud humana, pero esa misma sociedad no está dispuesta a renunciar al tabaco para proteger la salud humana: mucha gente fuma, otra gente se gana la vida produciendo o vendiendo tabaco, y el sector del tabaco afirma que aporta actividad económica y por ello es valioso. Que algo “beneficie” a los humanos no significa que haya que sacrificar animales, ¿no? De nuevo el antropocentrismo . Aquí hay dos cuestiones. La primera: que algo pueda ser útil o beneficioso para alguien no significa que sea moralmente correcto. La esclavitud es útil y beneficiosa para los vendedores de esclavos, pero desde una perspectiva ética es abominable. Que una determinada utilización de los animales pueda ser útil para los humanos no la convierte automáticamente en moralmente correcta. Y la segunda: los defensores de la experimentación en animales insisten mucho en su utilidad, pero hoy en día hay un debate inmenso dentro de la propia comunidad científica acerca de la eficacia de esta metodología, y cada vez más científicos están explicando que usar animales para estudiar la salud humana es poco eficaz. Máxime, como tú muestras, cuando el 90 % de los medicamentos que funcionan con animales no sirven con humanos. Millones de animales se sacrifican al año casi para nada. Así es, cada vez más científicos y científicas están explicando que se invierten cantidades ingentes de dinero, tiempo e inteligencia en crear fármacos que funcionan en animales, pero luego, cuando se prueban en humanos, o bien no son eficaces o producen efectos secundarios. Sin embargo, una de las paradojas es que, aunque estos experimentos no sirvan para mejorar nuestra salud, sí sirven para generar actividad económica: las empresas que viven de la experimentación ganan dinero aunque la experimentación fracase. Las empresas que crían animales, fabrican jaulas, peceras o instrumental quirúrgico, las empresas que hacen experimentación por encargo, las que diseñan el software que se usa en los laboratorios, todas estas empresas tienen actividad económica y por tanto les conviene que la experimentación continúe, aunque no ofrezca resultados reales para la salud humana. Sostienes que quienes piensan que el desarrollo de algunos medicamentos está ligado inevitablemente al sacrificio y el maltrato animal lo hacen, más bien y en el mejor de los casos, por una cierta inercia, cuando no por una falta total de ética. Siempre hay otras alternativas para experimentar que no pasan por convertir en un infierno la vida de los animales sacrificados. Animales que en muchos casos no verán nunca la luz del sol, por ejemplo. Es que el sufrimiento de los animales usados en experimentación es terrible. Viven toda su vida encerrados en espacios diminutos y condiciones artificiales donde no podrán desarrollar sus conductas naturales. Se les provoca enfermedades, se les obliga a hacerse adictos al alcohol o las drogas, se les hace pasar hambre o sed para “convencerles” de hacer ciertas pruebas a cambio de comida y agua, se les maltrata para provocar en ellos síntomas similares a la depresión humana, a veces incluso se maltrata a algunos animales delante de otros con el objetivo de estudiar sus reacciones… Son animales que sufren dolor, viven con miedo y estrés, y no pueden decidir nada sobre sus propias vidas. El complejo industrial de la experimentación intenta por todos los medios posibles que la gente no sea consciente del sufrimiento de los animales. Aunque a la gente le resulte menos evidente, otro caso de manual de las paradojas tiene que ver con la biodiversidad y la crisis ecológica. Se experimenta con animales salvajes, algo que no solo es cruel para estos seres vivos sino para el ecosistema donde viven. Incluso para los humanos, en realidad. Sí. Por ejemplo, se experimenta en primates no humanos. El principal centro europeo de distribución de primates no humanos para experimentación es Camarney, que está en Camarles, un pueblo de Tarragona. Importa macacos desde países como Vietnam y los distribuye a otros países. Quienes defienden esta práctica nos dicen que usando a estos animales salvajes podrán mejorar la salud humana, pero, en realidad, estos animales, cuando viven en su hábitat, hacen funciones ecológicas que contribuyen al buen funcionamiento de los ecosistemas, y puesto que nuestra salud depende de la buena salud de los ecosistemas, estos animales ya están cuidando nuestra salud. Cuando los sacamos de sus ecosistemas, estos se empobrecen. Como hay muchas protestas por el uso de animales salvajes, en algunos países se trabaja para que los primates usados sean criados en cautividad, pero esto no resuelve el problema, pues hay mafias vendiendo primates que se supone que son criados en cautividad y en realidad han sido secuestrados de su hábitat. ¿No sería más efectivo cuidar la biosfera, no sería más saludable? Más preventivo, en definitiva. Buscamos soluciones científicas a problemas que serían más fáciles de resolver con un cambio de relación con la naturaleza. Es algo parecido a lo que ocurre con el cambio climático: hay quien busca la solución en la técnica y la ciencia, pero sería más fácil cambiar el modo de vida, de producción y consumo. La ciencia es muy necesaria. Lo que yo hago en el libro es precisamente defender la ciencia. Y una de las cosas más importantes que hemos aprendido gracias a la ciencia es el papel fundamental de la prevención. Si como sociedad queremos cuidar nuestra salud colectiva, lo primero es prevenir. Si cambiáramos colectivamente algunos hábitos, nuestra salud colectiva mejoraría. Algunos cambios son sencillos, pero exigen priorizar el interés general por encima del negocio. Pienso en la comida basura, por ejemplo. Vas a un supermercado y está lleno de comida basura, bollería industrial, bebidas azucaradas... Si consumes todo eso a menudo, daña tu salud. Pero hay empresas que se enriquecen vendiendo esas mierdas. Se habla menos de la experimentación al servicio de la industria ganadera (lo hemos visto recientemente en Cataluña con la peste porcina) o de la piscícola. Y, sin embargo, estas industrias han cimentado sus beneficios en el sacrificio de millones de animales. La gente suele creer que toda la experimentación en animales es para encontrar la cura a enfermedades humanas, pero esa es solo una pequeña parte. Mucha experimentación en animales está al servicio de la industria ganadera y piscícola y tiene el objetivo de conseguir que la cría de animales para consumo sea más rentable, que las vacas produzcan más leche, que los salmones soporten mejor el hacinamiento, etc. También hay experimentación toxicológica, en la que todo tipo de sustancias (insecticidas, herbicidas, barnices, pinturas, productos de limpieza…) son testados en animales: se les obliga a ingerirlos o tenerlos sobre la piel. Y hay, por supuesto, experimentación militar. Marta Tafalla presentando en la UPF de Barcelona su libro sobre la experimentación en animales. Sorprende que la ética esté ausente de muchas de las decisiones que toman los científicos cuando se refiere a los animales. Hay un cierto debate, al menos, cuando se trata de consecuencias para los humanos (como en el caso de los usos de la biotecnología), pero este debate es minoritario en el caso de la experimentación con animales. La inmensa mayoría de las personas que experimentan en animales no han tenido nunca una formación seria y rigurosa en ética filosófica. La mayoría de las facultades de ciencias que imparten aquellos grados cuyos estudiantes pueden acabar siendo experimentadores no les dan formación ética ni humanística. Les inculcan una ideología antropocéntrica y especista que normaliza la explotación de los animales y en ningún momento les enseñan a reflexionar de manera seria sobre estos temas. No les dan formación en ética porque, cuando enseñas ética al alumnado, este empieza a hacer preguntas incómodas. Una falta de debate que se agudiza en España respecto a lo que ocurre en otros países, sobre todo los anglosajones, donde hay una mayor tradición. En las facultades de ciencias de los países anglosajones tampoco se suele dar formación en ética, pero, por distintos motivos, en estos países ha habido y hay mucho más debate sobre esta cuestión, tanto dentro de la comunidad científica como en la sociedad en general. Por otro lado, es un debate que no es reciente, que tiene una gran tradición. Como en otros ámbitos que hablan de la relación de la ciencia y los animales, en el siglo XIX ese debate era más fructífero y natural de lo que ocurrió luego, en el siglo XX, cuando la “razón” tecnológica arrasó cualquier posibilidad de cuestionar lo que se estaba haciendo. Una de las cosas que explico en el libro es que a veces se olvida que el debate sobre la experimentación existe desde hace siglos. Y, efectivamente, durante el siglo XIX el debate fue muy intenso y muchos científicos, filósofos e intelectuales se posicionaron contra la experimentación en animales y escribieron contra ella. A finales del siglo XIX y principios del XX el movimiento contra la experimentación era muy sólido. Lo que redujo la fuerza de ese movimiento, como de tantos otros movimientos sociales de la época, fueron las dos guerras mundiales. Esas décadas de guerra y destrucción a nivel global dejaron muy dañado al movimiento contra la experimentación y en general al movimiento antiespecista. No pudo comenzar a reconstituirse hasta los años 60 y, para entonces, el mundo había cambiado mucho. A veces la gente cree que el movimiento antiespecista nace con Ruth Harrison, Richard Ryder y Peter Singer en los 60 y 70 del siglo XX, pero en realidad lo que está sucediendo en esos años es que se está reconstituyendo un movimiento que había quedado interrumpido por las guerras mundiales. Si nos ceñimos a la actualidad, sostienes que la experimentación con animales, aparte de las consideraciones éticas, es ineficaz, entre otras cosas porque los animales con los que se experimenta viven en unas condiciones de estrés que puede llevar a conclusiones distorsionadas. Esta es una de las razones principales que están dando cada vez más científicos para dejar de experimentar en animales y pasar a investigar con tecnologías in vitro o sistemas computacionales. Los animales encerrados y usados en laboratorios viven con mucho estrés, y el estrés a menudo les causa todo tipo de problemas de salud. Estos problemas de salud derivados del estrés distorsionan los estudios científicos que pretenden estudiar una enfermedad o probar un medicamento. En abril del año 2021, la ONG Cruelty Free International (CFI) destapó escenas de extrema crueldad animal en el laboratorio Vivotecnia, situado en Madrid. Las reacciones fueron inmediatas y se sucedieron movilizaciones pidiendo el cierre de la instalación y la liberación de los animales. Sin embargo, que yo sepa, ningún animal ha sido liberado y no se ha tomado ninguna medida. Las imágenes fueron grabadas con cámara oculta la activista Carlota Saorsa , que había estado infiltrada en el laboratorio alrededor de dos años, y pueden verse aquí . La Guardia Civil comprobó que efectivamente había indicios de maltrato animal en este laboratorio y hay un proceso judicial en marcha contra Vivotecnia. Sin embargo, diversos centros públicos de investigación y universidades han seguido contratando a Vivotecnia para realizar sus experimentos, lo cual es terrible teniendo en cuenta que en las imágenes se ve que el trato a los animales es muy cruel. No solo porque los experimentos en sí ya causen mucho dolor, sino también porque, como se ve en las imágenes, algunos de los técnicos añaden violencia gratuita. En las grabaciones se ve incluso a algunos técnicos burlándose de los animales a los que maltratan. El reciente caso Barbacid, en el que el científico anunció una “cura” contra el cáncer de páncreas después de probar el medicamento en ratones, ¿es un ejemplo de estas distorsiones? Es que hay mucho dinero en juego y también una competición constante por el prestigio. Por eso cada dos por tres sale en la prensa un artículo que dice que se ha encontrado la cura para tal o cual problema de salud. Cuando lo lees ves que simplemente han estudiado la enfermedad en alguna especie animal, pero todavía no saben si el tratamiento que están probando en animales funcionará en humanos. Pero si hacen mucho ruido con eso, les ayuda a conseguir financiación. No hay que olvidar que la experimentación en animales es, sobre todo, un inmenso negocio, del que viven muchas empresas, y que está muy bien conectado con otros sectores de negocio poderosos, como la industria farmacéutica, la industria ganadera, la industria piscícola y la industria militar. Todo esto va de dinero y de muchísimo dinero.