Puedo destruir un país, pero no puedo cobrar un pequeño arancel Donald Trump — Presidente de EEUU Cayo Julio César Germánico, apodado Calígula, se proclamó emperador del planeta el año 37 de la era común. La historia lo retrata como paradigma del poder absoluto, despiadado y arbitrario, sin límites morales ni leyes que acotaran su santa voluntad. “Recordad que tengo derecho a hacerle todo a todos”, decía a sus propios familiares y cortesanos para que no olvidaran ni un solo instante que su vida y sus haciendas dependían de un simple gesto suyo. Humilló a sus vasallos, ejecutó a senadores, desterró a sus hermanos, nombró consul a su caballo y demostró que más allá de la crueldad lo que definía su poder tiránico era la imprevisibilidad. La angustia de no saber qué canallada estaba a punto de perpetrar en cada segundo de su imperio. Calígula gobernó durante cuatro años, los mismos, por cierto, que dura un mandato presidencial de EEUU. El pasado viernes, en un revés judicial imprevisto, el Tribunal Supremo de EEUU anuló la política de aranceles decretada por Donald Trump al usurpar una potestad que pertenece al Congreso. El Calígula de nuestro tiempo reaccionó como solo Cayo Julio César Germánico hubiera respondido en la Roma imperial del siglo primero de nuestra era. “Puedo destruir un país, imponer un embargo demoledor, hacer lo que quiera en el mundo, y, sin embargo, no puedo cobrar una pequeña tasa”, lamentó iracundo en una comparecencia pública. Y llevaba razón. Una razón delirante, de acuerdo, pero una razón incuestionable. El Calígula americano ha deportado indiscriminadamente a seres humanos, ha separado a madres y a hijos, ha ordenado ejecuciones extrajudiciales en el Caribe, ha secuestrado a presidentes de países soberanos, ha bombardeado ciudades indefensas, ha asaltado el Capitolio, ha amenazado la integridad territorial de Europa, se ha repartido el planeta con Putin y ha participado activamente en el genocidio de Gaza. Y, sin embargo, no puede imponer un simple arancel a las aceitunas de mesa de Córdoba. ¿Alguien entiende algo?