España bosteza

España ha aprendido a indignarse con la misma ligereza con que antes se santiguaba: por costumbre, por reflejo, por miedo a que nos sorprendan sin el gesto. Y, sin embargo, bajo esa espuma de furia instantánea, late una modorra bien antigua, como si el país viviera en una sala de espera donde siempre anuncian -con voz metálica- el siguiente escándalo, el siguiente titular, la siguiente bronca parlamentaria, mientras nosotros hojeamos el móvil y bostezamos.