Las cosas cambian –constante axioma para entender–; a la vez deseamos que no lo hagan, por lo menos a la velocidad que lo hacen. ¿De dónde sale este ese deseo contra la ley del universo? ¿Acaso la cultura es ese invento humano para controlar el incesante cambio de lo que llamamos realidad? ¿Qué ganamos reteniendo el cambio? Lo conocido a través de la razón nos manifiesta de forma inexorable el continuo cambio producido en todo lo existente, sea inerte o vivo, lejano o cercano, en nosotros y en todos los demás.