El poeta Baudelaire estimaba el grabado como un género más de la literatura. Federico Castellón convierte al grabado en poesía vital desde niño: su madre tenía una plancha con la imagen invertida de una Inmaculada de Francisco de la Torre como representación devocional. El encuentro con este molde de uno de los mejores grabadores de Andalucía de finales del siglo XVIII, aún sin saberlo, marcará su devenir descubridor.