La princesa Sofía iba en una carroza tirada por seis caballos blancos, entraría en la iglesia del brazo de su padre. Ciento treinta y tres miembros de familias reales europeas se habían reunido en Atenas, era la boda del príncipe Juan Carlos de Borbón, todo esto un mes antes de empezar el verano de 1962 en que la prensa facha de Madrid bautizaría a los participantes de ese otro encuentro como el «Contubernio de Munich». Relativizaban su importancia y sugerían que no era demasiado peligroso, claro. Principios de junio de ese mismo año y unas 118 personas de diferentes organizaciones políticas del estado español empezaban a externalizar su oposición al régimen. Hoy contrasta con el nuevo culebrón de intento de reunir a toda la izquierda desde dentro y es que andan muy nutridos de aquellos que piensan que «contra Franco se luchaba mejor».