A palabras sabias, oidos sordos

La ONU, órgano creado para asegurar la paz en el mundo tras la más mortífera guerra de la historia, vio cortadas las alas con la guerra fría por los vetos sistemáticos entre las grandes potencias, pero al menos era el gran teatro en el que se representaban las disputas, con cierto efecto catártico. Desde que el trumpismo decidió cargársela (junto a los demás órganos multilaterales), cumple solo una función moral o espiritual, básicamente mediante homilías al mundo. Ahora bien, la oportunidad, valentía y calidad de los sermones tiene también su importancia, distinguiéndose su actual Secretario General, Antonio Guterres. Al denunciar hace días desde el púlpito la gravísima adicción al petróleo que sufre la humanidad y su única cura posible mediante las energías renovables ha dictado una clara receta para la supervivencia. Otra cosa es que «viendo no ven y oyendo no oyen» (Mateo, 13-13).