El reloj marcaba las 18:22 horas en aquel 23 de febrero de 1981 cuando Antonio Tejero irrumpía en el Congreso de los Diputados pistola en mano. Entonaba entonces ese "¡quieto todo el mundo!" que todavía resuena en la memoria colectiva de nuestra sociedad. 45 años han pasado desde el golpe de Estado que hizo tambalear todos los cimientos de un país que daba sus primeros pasos en la democracia, despertando el miedo a que el gran "sueño" de la libertad hubiera acabado demasiado pronto. Pedro Fernández Céspedes fue uno de los periodistas que vivió el levantamiento militar desde el corazón de la Cámara Baja y que, más de dos décadas después, cuando se desclasifican los documentos secretos relacionados con aquella jornada, aún recuerda aquellos gritos y pasos apresurados. "Se mezclan todo tipo de sentimientos: incertidumbre, temor, curiosidad. Es inolvidable. Para mí muy negativo, es inolvidable en la vida profesional de un reportero y muy difícil de recordar ahora". Fernández, ya jubilado, era entonces reportero de Radio Nacional de España (RNE) y se encontraba retransmitiendo la votación "interminable" para la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo que acogía el Congreso de los Diputados aquel 23 de febrero de 1981. Sentado en la última fila de los escaños, junto a sus compañeros de prensa, en una "posición muy ventajosa para observar y no ser observado", comenzó a oír unos "ruidos desde los pasillos de la planta baja". Ante el griterío, el reportero salió corriendo para ver qué ocurría, aunque "no más allá del primer descanso de la escalera porque vi suficiente": "Vi correr unas botas de militares que se dirigían al hemiciclo y entonces volví por el 'submarino', una especie de habitación colgante en la pared que permite ver, a través de una ventana, la mesa del Congreso". A su regreso al hemiciclo, Tejero ya había logrado irrumpir en la sala y, a partir de ahí, "los 15 minutos que ya conoce todo el mundo". "No sé si era miedo, pero lo recuerdo de una manera muy extraña. Nunca sabes cuál es la reacción psicológica ante los momentos difíciles. En un primer momento me quedé en blanco porque no daba crédito a lo que estaba viviendo, parecía de risa la forma en la que entran. Pero una vez que ves los gritos autoritarios, los disparos, la agresión a Gutiérrez Mellado vuelves a la realidad", cuenta el periodista. Los militares obligaron a Fernández y sus compañeros a "interrumpir la conexión y nos sacan, casi con las manos en alto, por el pasillo del hemiciclo", recuerda. En ese instante, uno de los hombres que ocupaba los escaños le pide un cigarro y, a su vez, el periodista se lo pide a Carrillo, sentado "un escalón más abajo". "El guardia me permite dárselo y luego me separa de los compañeros. Me obliga a estar una hora boca abajo en el pasillo del Congreso, una hora aspirando el polvo de las alfombras", prosigue el andaluz, que recuerda que mientras se encontraba en el suelo pensaba en que "querían...