Desde las siete de la mañana, un amplio dispositivo de la Policía Local, junto con técnicos de Asuntos Sociales, ha acampado delante de la entrada principal de la antigua cárcel de Palma. Una carpa con mesas identifica a las personas que entran y salen. Un grupo grande de jóvenes, apenas veinteañeros, grita a los numerosos medios congregados cuando salen: «No me grabéis, no tenéis mi consentimiento».