El café no es solo cafeína. Es la taza de primera hora, la pausa en el trabajo y ese aroma que muchos asociamos al comienzo del día. También es un ingrediente muy versátil apto para recetas tan variadas como bizcochos , granizados o flanes . Por eso, dejarlo durante un tiempo no es cualquier cosa. Durante 15 días cambié el café por té matcha, un té verde japonés en polvo, para comprobar si notaba diferencias en mi energía y en mi capacidad de concentración . La idea no era criticar el café —una bebida con estudios que respaldan sus beneficios cuando se consume con moderación—, sino ver qué pasaba al sustituirlo por otra opción con cafeína, pero con un efecto distinto en el cuerpo. El matcha se obtiene de hojas de té verde (Camellia sinensis) que se cultivan a la sombra, se secan y se muelen hasta convertirse en un polvo muy fino. A diferencia de otros tés, aquí no se infusionan las hojas y se retiran , sino que se consume todo el polvo disuelto en agua caliente. Tiene cafeína, aunque normalmente menos que un café. Además, contiene L-teanina, una sustancia que ayuda a que el efecto estimulante sea más suave y duradero. Por eso muchas personas hablan de una energía más estable y menos brusca . En cuanto al sabor, es vegetal, ligeramente amargo y algo cremoso cuando se prepara bien . No sabe a café, ni lo pretende. Es otra experiencia. Durante los primeros cinco días noté la diferencia enseguida. El café activa rápido: en pocos minutos se siente el efecto. Con el matcha, la energía llegó más poco a poco . No tuve ese «subidón» fuerte al principio de la mañana, pero tampoco la bajada repentina que a veces aparece unas horas después y que invita a tomar otra taza. Me sentí más estable y menos acelerado . Entre el sexto y el décimo día, lo más claro fue la concentración. No tenía más energía que con el café, pero sí era más regular . No noté nerviosismo ni sensación de ir demasiado rápido, algo que sí puede ocurrir cuando se abusa del café, sobre todo en personas sensibles a la cafeína. En mi caso, el efecto fue más suave y mantenido. En la última parte del experimento, el cambio fue más de hábitos que físico. El café suele asociarse a rapidez: se prepara, se toma y se sigue con el día. El matcha exige algo más de tiempo: hay que batirlo y cuidar la temperatura del agua . Después de 15 días, la conclusión es sencilla: mi energía no fue mayor que con el café, pero sí más estable . Menos picos y menos altibajos a lo largo de la mañana. No tiene por qué. El café, tomado con moderación, puede formar parte de una dieta equilibrada y tiene beneficios conocidos . El matcha puede ser una buena alternativa si el café te provoca nerviosismo, problemas para dormir o bajones de energía. Pero no es obligatorio elegir uno y descartar el otro . La clave está en escuchar al cuerpo y ver cómo responde . Y si no quieres hacer un cambio tan radical, siempre puedes probar otras opciones como el té negro, el té verde o el té rojo .