El Buen Fin bajo el signo de la victoria

Parecía que todo estaba ya culminado en el Buen Fin, pero la llegada de los cultos al Crucificado vuelve a transformarlo todo. De nuevo se alza una auténtica catedral de la religiosidad popular, concebida para engrandecer la fe en el Señor y donde cada detalle deja patente una profunda simbología religiosa. La sapiencia, las ganas de trabajar y la capacidad de otorgar sentido a cada elemento son algunos de los factores que hacen posible un montaje así. Esta hermandad lo consigue y sigue superándose, manteniendo un estilo de montaje claramente definido, pero adaptándolo y enriqueciéndolo año tras año. El Buen Fin, de la mano de Jesús Zambruno, acompañado de un nutrido grupo de hermanos, el cual cada uno dispone de... Ver Más