A veces el cielo parece el mar. Eso asemeja una foto de Javier Lumeras captada ayer en los cielos de Extremadura. A simple vista, la instantánea refleja nubes que se curvan como si fueran olas a punto de romper, crestas perfectamente alineadas y una sensación de movimiento congelado en el aire. Detrás de esa imagen llamativa hay un fenómeno con nombre técnico propio: se llama inestabilidad de Kelvin-Helmholtz. No es un tipo de nube en sí, sino un proceso físico que ocurre cuando el viento sopla de forma distinta a diferentes alturas. La clave para entenderlo está en una palabra que suele generar dudas: cizalladura.