Marlaska dimisión

Tempus fugit. Ya hace una semana que el ministro del Interior tendría que haber dimitido, y ahí sigue. Una afrenta para las mujeres españolas, incluidas las de su partido. Incluida Aina Calvo, hoy secretaria de Estado de Seguridad, ayer secretaria de Estado de Igualdad. ¿Igualdad? Sí, todos son iguales, no se van de la poltrona ni con agua caliente, por mucho que la cruda realidad demuestre un nivel ínfimo de excelencia en su gestión. Fernando Grande-Marlaska no piensa dimitir porque «desconocía» que su director adjunto operativo de la Policía Nacional, José Ángel González, era destinatario de una querella por presuntamente violar a una inspectora del mismo cuerpo, con la que tuvo una relación que ella finiquitó. Entonces, ¿es el ministro una persona incapaz de calar a un machirulo peligroso con el que departe y se reúne a diario, una pieza imprescindible de su organigrama? Por lo visto sí. Además, nadie le cuenta las cosas importantes que pasan en los despachos de su negociado, como que hay rumores serios de mandos de muy arriba que presionan a mujeres para que se acuesten con ellos y para que cierren el pico si son agredidas, so pena de irse al paro. Nada más leer la denuncia, el juez que Marlaska lleva dentro otorgó toda la credibilidad a la querellante. Pero no cesó al infausto comisario, le permitió renunciar a su cargo. Demostrando una autoexigencia nula y una autoindulgencia infinita, el ministro ha puesto su destino en manos de la víctima, una funcionaria que ha solicitado escolta y que bastante tiene con buscar justicia mientras su vida descarrila. Vaya. Yo pensaba que es el presidente del Gobierno y no una particular quien puede y debe cesar a un miembro de su gabinete si se demuestra que ha faltado a su obligación in vigilando. Nos conformaríamos con una vicepresidenta como Yolanda Díaz que le exigiera responsabilidad, a falta de un Pedro Sánchez a la altura. A no ser que el inquilino de La Moncloa pretenda dar otro de esos golpes de efecto que tanto le gustan y releve a Marlaska como regalo del 8M.