Conspiraciones Reunidas S. L.

Si Sánchez, como proclamaba la conspiración de los necios, desclasificó los papeles del 23F como primer paso de su asalto a la monarquía, o no se los había leído o le informaron mal. Lo más revelador de la desclasificación ha sido comprobar, en tiempo real, el extraordinario nivel de organización de la industria del bulo en España Un informe del servicio de inteligencia detalla la “participación activa” de seis de sus agentes en el 23F No hay más que echar un vistazo a la lista de todos los ofendidos, indignados o directamente cabreados con el anuncio de la desclasificación de los archivos del 23F para constatar que Pedro Sánchez lo ha vuelto a hacer. Acierto total. Si cada vez que el Partido Popular denuncia una cortina de humo en la acción del Gobierno nos dieran a todos un euro, ya tendríamos de sobra hasta para alquilar un piso; no en el centro, por supuesto. De lo que se ha publicado, de momento, la novedad es que lo que sabíamos era bastante y era cierto porque fue lo que pasó y lo que no sabíamos ni siquiera sucedió. Los papeles confirman que el golpista Antonio Tejero tenía un plan y los demás, otro, y no se lo habían contado; que muchos conocían los planes y dejaron hacer, mientras otros hicieron todo lo que pudieron para impedirlo; que en la Casa Real hubo dudas al principio, como las hubo en todas las casas de España que no fueran de familias golpistas. Los papeles también confirman que el golpe iba en serio y si había que tirar a matar , se tiraba; que los militares golpistas decían hablar en el nombre del Rey para usarlo como coartada legítima, pero que el Rey ni dijo ni hizo nada de cuanto los golpistas esperaban y, por eso, era un error “dejar al Borbón libre” ; que luego trataron de implicarlo –para que vean que todo está inventado y las fake news no las ideamos nosotros– con una campaña de desinformación y bulos para usar su legitimidad como defensa penal y política. Y todo ello siempre por España, coño. Si Sánchez, como proclamaba la conspiración de los necios, desclasificó los papeles del 23F como primer paso de su asalto a la monarquía, o no se los había leído o le informaron mal. De todos los ridículos presenciados estos días ninguno tan glorioso como el de esos teóricos del complot para tumbar al Rey y salvar al malvado Sánchez volviendo a 1981. Lo más revelador de la desclasificación de los archivos del 23F ha sido, sin duda, comprobar, en tiempo real, el extraordinario nivel de organización, eficiencia y disciplina que demuestra la industria del bulo en España. No habían pasado ni minutos del anuncio del Sánchez en X –por cierto, señor presidente, ¿no había otro sitio un poco más a la altura del momento y del anuncio?– y ya estaban las redes inundadas por un aparatoso despliegue de contramedidas para preservar el negocio primero y seguir horadando en la legitimidad del Gobierno y la democracia reclamando que se desclasificase lo que ya es público –el sumario del 11M– o lo que no existe –los vuelos secretos del mítico falcón, el batmóbil de Pedro Sánchez–; lo de las saunas ya entra directamente en la obsesión freudiana. Hace falta mucho dinero, mucho tiempo y mucha jerarquía para desplegar semejante contraataque para desactivar un anuncio que, según afirmaban, no le importaba a nadie y carecía de mayor interés; no fuera a ser que quedase claro quién se puso de qué lado aquella noche de febrero de 1981. Casi siempre son los enemigos de la democracia quienes mejor señalan el camino para su defensa. Conspiraciones Reunidas S. L. no ha podido iluminarlo mejor.