Los servicios secretos tuvieron bajo su lupa constantemente a la Junta de Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas durante todo el proceso que siguió a la fracasada asonada mlitar del 23-F. Y un informe del CESID (Centro Superior de Información de la Defensa, antecesor del actual CNI) evaluó los movimientos y el sentir de esa cúpula militar, previendo "una confrontación directa con el poder civil".