La música electrónica lleva décadas construyendo una identidad propia: la del espacio seguro, la noche sin juicios, la comunidad que se reconoce en el pulso del bajo. El hard techno, su variante más intensa y de mayor crecimiento en los últimos años, había logrado trasladar esa promesa a escenarios de miles de personas en medio mundo. Pero esa imagen se ha agrietado en cuestión de días. Una serie de acusaciones de presuntos abusos sexuales difundidas en redes sociales contra varios de sus artistas más reconocidos ha puesto patas arriba a toda una industria y ha obligado a festivales, agencias y colectivos a tomar decisiones de urgencia que, hasta hace una semana, nadie habría imaginado necesarias. Todo comenzó hace una semana con una cuenta de Instagram. El usuario @bradnolimit, quien se identifica como excolaborador de STEER Management —agencia de booking y management de música electrónica con sede en París y Miami que coordinaba hasta 3.000 actuaciones anuales con 35 artistas— publicó lo que denominó la "parte uno de los STEER Files": una cascada de capturas de pantalla, testimonios y vídeos con acusaciones de conductas sexuales inapropiadas contra varios DJs del circuito del hard techno europeo. En sus publicaciones, Brad No Limit explicó que tomó la decisión de hablar en agosto de 2025, cuando se separó de la agencia tras lo que describió como un deterioro de su salud mental y sus valores. El episodio que detonó su decisión de romper el silencio fue, según sus palabras, que excompañeros intentaron difamar su nombre afirmando que había sido despedido por comportamiento "raro". Los artistas señalados son los DJs franceses Shlømo (nombre real Shaun Baron-Carvais) y Basswell, el belga Odymel (Antoine Lauffer), el alemán CARV y el estadounidense Fantasm. Las acusaciones publicadas en redes incluyen referencias a presuntas agresiones sexuales, abuso de poder y, en algunos casos, menciones a menores de edad. Ninguna de ellas ha derivado, por ahora, en cargos judiciales confirmados. Las publicaciones de Brad No Limit se han convertido en el epicentro del escándalo, aunque buena parte del material desaparece al tratarse de stories de Instagram con vigencia de 24 horas, lo que dificulta su verificación independiente. Sobre Shlømo, se han compartido mensajes que incluyen testimonios de personas que afirman haber sufrido comportamientos abusivos durante años, con referencias explícitas a situaciones con menores. "Soy víctima de la manipulación de Shaun desde 2016 hasta 2019. Fui testigo de comportamientos de abuso sexual y grooming de chicas colombianas de 16 años", se lee en una de las capturas difundidas. También circula un clip de vídeo en el que el DJ se burlaría de una chica con la que personas de su entorno habrían mantenido relaciones. Respecto a Basswell, las acusaciones incluyen una presunta agresión sexual a una mujer y el posterior envío de imágenes explícitas no solicitadas a seguidoras. Brad No Limit afirma que, tras el incidente, el DJ compuso una canción titulada "Smack My Bitch Up" —en alusión al tema de The Prodigy— y que el tema estaría disponible en SoundCloud. En cuanto a Odymel, se deslizó que habría intentado "pagar el silencio" de la víctima y que existiría un proceso judicial en fase preliminar. De los cinco DJs señalados, tres han emitido declaraciones públicas con argumentos muy distintos. Odymel ha optado por la explicación más insólita: asegura padecer sexsomnia, un trastorno del sueño que puede provocar conductas sexuales involuntarias en estado de sonambulismo. En un comunicado en francés e inglés publicado en Instagram, el DJ suizo relató que la persona con la que mantenía encuentros consensuados ocasionales le informó de un incidente ocurrido mientras dormía, del que él no tiene ningún recuerdo. "Yo mismo habría escuchado algo así con mucho escepticismo", reconoció el propio Lauffer en su comunicado, consciente de la dificultad de su defensa. Afirma haber hablado con la denunciante, haber iniciado seguimiento psicológico a recomendación de ella y estar colaborando con la justicia en una investigación preliminar. Sin embargo, no existe constancia pública de ninguna acusación formal ni resolución judicial al respecto. CARV, por su parte, admitió haber mantenido conversaciones explícitas y enviado imágenes íntimas durante su matrimonio, pero negó que su comportamiento constituyera un delito o un abuso de poder. "Fallé como marido, pero no cometí ningún delito", afirmó, añadiendo que necesita "dar un paso atrás". Su declaración lo diferencia del resto al reconocer conductas concretas, aunque acotándolas al ámbito de la infidelidad. Shlømo ha calificado las acusaciones de campaña de difamación y ha anunciado que evalúa acciones legales, sin ofrecer más detalles. Fantasm ha rechazado la cultura de la cancelación sin pruebas y ha animado a quienes estén pasando por momentos difíciles a buscar apoyo profesional. Basswell no ha emitido declaraciones públicas hasta el momento. La respuesta del sector ha sido inmediata. Festivales de toda Europa, Australia y América Latina han retirado a los artistas señalados de sus carteles como medida preventiva. En España, la promotora Blackworks ha eliminado a los DJs afectados de sus eventos de marzo y el Monegros Desert Festival ha anunciado que prescindirá de ellos hasta que se esclarezca la situación. A nivel internacional, el Festival de Dour, Verknipt o Pitch Music & Arts han hecho lo propio. La agencia STEER Management, tras un primer comunicado prometiendo investigar los hechos, anunció 24 horas después la suspensión de sus colaboraciones con todos los artistas implicados. En respuesta al escándalo, se ha activado la plataforma colaborativa Me Too DJs, que ofrece a las víctimas apoyo psicológico, información jurídica y orientación hacia asociaciones especializadas. La iniciativa llega en un momento en que las redes sociales han asumido, con todas sus limitaciones, el papel de principal altavoz de las denuncias. El hard techno ha pasado en pocos años de nicho underground a fenómeno global, lo que ha traído consigo un mayor escrutinio sobre las dinámicas de poder que operan en su interior. El caso se enmarca en una tendencia global de denuncia de abusos en la industria musical a través de redes sociales, con el debate permanente que eso conlleva entre el impacto inmediato y la presunción de inocencia. Por el momento, ninguno de los artistas señalados enfrenta cargos judiciales confirmados. Se esperan nuevos pronunciamientos de festivales, posibles acciones legales y más revelaciones de Brad No Limit, quien ha anunciado que sus publicaciones no han terminado. La escena, mientras tanto, se enfrenta a su pregunta más incómoda: cuánto de lo que se denuncia hoy era ya conocido ayer.