Mourinho ejecutó su último truco el día que el Bernabéu se plantó contra el racismo

Como siempre que Mourinho entra en juego , el tercer choque entre Real Madrid y Benfica del último mes no fue solo un partido, sino el cierre a una adictiva trilogía coronada por el cara a cara del entrenador portugués con su antigua afición. El problema fue que, como no podía estar en el banquillo, el portugués aprovechó para enredar y reírse de todo el mundo hasta que acabó con agujetas de tanto reírse, imaginamos. El último acto de servicio de un personaje legendario que, por otra parte, no invisibilizó cómo el Bernabéu defendió a Vinicius y se plantó contra el racismo . Fueron muchos los estímulos que engrandecieron la previa del esperado choque. Para empezar, Prestianni , enemigo público uno del Madrid y del madridismo, cargó contra la UEFA y el club blanco en sus redes sociales después de conocerse que se le prohibía participar en el duelo. «Pegar una piña sin pelota se puede, se ve y ninguna sanción. Sancionar sin pruebas se puede se ve. Ya no disimulan ni un poco con el Real. Vergüenza dan». El argentino pulsó el botón de borrar poco después pero, a estas alturas de la película, la huella digital acompaña hasta la tumba y su comentario no hizo más que aumentar la presión sobre el Benfica en tierras madrileñas. También hubo cargas policiales, algún que otro herido, y esa estúpida manía que tiene el personal hoy en día de ver los mejores momentos de sus vidas a través de un teléfono móvil. Porque siempre se ha hablado, incluso alabado, de los recibimientos que hace la hinchada merengue hace a sus ídolos en las grandes noches de Champions pero, ante el Benfica, ni las bengalas y ni la épica realidad aumentada que genera la fotografía consiguieron caldear el desembarco. Sin embargo, no fue el argentino ni las estrellas locales los más buscados. Mourinho volvía al feudo merengue 13 años después de soltar su timón y, como es un maldito genio de la escena y el suspense, organizó una especie de juego del gato y el ratón con los medios españoles. Su sanción en la ida impedía que estuviese en el banquillo y que el videomarcador anunciara su retorno, aunque sí fue cazado subiendo al bus que llevaría a los portugueses desde su hotel de concentración hasta el estadio. Pero el de Setúbal, como un fantasma, no fue identificado al finalizar el trayecto. Una hora antes del encuentro, la cadena 'Ser' adelantó que 'The Special One' se ubicaría en la tribuna de prensa. Poco después, todos los medios se enteraron de que sería en la cabina seis, vacía y abierta de par en par para el que quisiese fisgonear. Dos bolsas de patatas fritas, una buena cantidad de botellas de agua, un surtido de quesos, bollos con jamón serrano y frutos secos para abastecer a un regimiento era el aperitivo preparado para Mou que, pese acercarse el pitido inicial, no daba señales de vida. Su tardanza generó una aglomeración quizás sin precedentes desde el reestreno del estadio. Tal era la cantidad de periodistas preparados con sus móviles para grabar su llegada que los trabajadores del Real Madrid desintegraron el chiringuito con rapidez: «No podéis estar aquí, todo el mundo tiene que ir a sus asientos pero a la de ya». Dispersados, los plumillas, como francotiradores en Stalingrado, buscaron posiciones estratégicas desde la que enfocar al más buscado. Pero se recitaron las alineaciones, sonó el himno de la Champions, empezó a rodar el balón y Mou , desde la intimidad del bus, donde siguió el destino de los suyos como se supo más tarde, no hizo acto de presencia. Nunca fue mucho de seguir la reglas y, en su vuelta al Bernabéu, no iba a ser menos. La otra gran batalla de la noche, además de la futbolística, era contra el racismo. El supuesto insulto de Prestianni a Vinicius en Lisboa había puesto en pie de guerra a ambas aficiones, cada una protegiendo a sus jabatos. Así, la grada de animación madridista desplegó, mientras los jugadores salían al terreno de juego, una pancarta en la que se podía leer «No al racismo», acompañada de un símbolo de la UEFA con la palabra «Respeto». Loables intenciones que para nada siguió uno de los integrantes del grupo, expulsado de su localidad tras ser grabado haciendo el saludo nazi , ni la grada visitante, que aprovechó cada vez que el astro brasileño amarraba la pelota para dedicarle una sonora pitada. Él, como en Da Luz, festejó con un efervescente baile el tanto que cerró la eliminatoria.