No olía a napalm el Bernabéu como en otras noches de Champions. Olía el miedo, a incertidumbre y a dudas. Durante muchos minutos olió más a azufre, pero finalmente el Madrid certificó su pase a los octavos de final de la Champions con una victoria en la que fue capital su portero Thibaut Courtois. Una vez más el belga sostuvo a los blancos en el partido salvando momentos complicados con sus paradas. La falta de jerarquía en las áreas del Benfica hizo el resto, hasta que Vinícius selló el pase para octavos, donde espera el Sporting portugués o el City de Guardiola. Antes resolvieron una noche funcionarial de Champions que poco tiene que ver con la épica y las energéticas actuaciones del Madrid de temporadas anteriores.