El perro de mi vecino

Cada vez que salgo del portal de mi casa me lo encuentro ahí, observándome retador cómo cojo el camino inverso al suyo. No le gusto, se lo noto en sus ojos oscuros, y ha intuido desde el principio que provoca en mí un tembleque de acojonamiento con el que debe relamerse de gusto. El perro de mi vecino me mira mal. O lo saca cien veces al día, o me tiene cogida la hora. Cada vez que llego al cancel aparece él por el portal de justo al lado, imponiendo su territorio, que ya no es el mío. El puñetero pitbull va sin bozal, con una cadena agarrada al antebrazo blandengue de su dueño, que no presta atención a lo... Ver Más