Las luces y las sombras de un sistema educativo en la encrucijada

El sistema educativo español está siempre en el punto de mira. Tras los diversos cambios legislativos (Logse, LOE, Lomce, Lomloe ), persisten problemas estructurales que las sucesivas reformas no han logrado resolver completamente. Pero a pesar de todo, se han conseguido logros que se deben poner el valor e incluso hay quien habla de una historia de éxito para definir su evolución. Para Ismael Sanz, director del área de Educación de Funcas y profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, el sistema educativo español se encuentra en un momento de transición con luces y sombras. Entre lo positivo, recuerda que la escolarización en Educación Infantil supera las medias de la OCDE y la UE. «La matrícula en FP Media ha crecido significativamente en los últimos años, pasando de 350.000 alumnos en 2015-16 a más de 437.000 en 2022-23 y la tasa de abandono ha bajado del 31% en 2002 al 12,8 en 2025», destaca Sanz. Y como aspectos negativos indica que España sigue siendo el segundo país de la UE-27 con mayor abandono educativo temprano solo por detrás de Rumanía. «Los resultados de PISA muestran un declive sostenido: en matemáticas hemos pasado de 484 puntos en 2012 a 473 en 2022. Uno de cada cinco jóvenes no logra finalizar la ESO en los institutos», puntualiza. Carlos Ortiz Sanchidrián, director del Colegio CEU San Pablo Sanchinarro, cree que el sistema educativo español vive un momento de fatiga normativa y de fragilidad cultural. «En apenas cuatro décadas hemos tenido ocho leyes educativas, lo que ha generado una sensación de provisionalidad permanente que dificulta cualquier mejora profunda y sostenida». Considera que en las etapas de Infantil y Primaria, el sistema mantiene fortalezas evidentes como un alto nivel de escolarización, docentes bien formados o tradición pedagógica sólida. Pero empieza a notarse cierta confusión de fines: «Se ha avanzado mucho en metodologías y enfoques, pero no siempre con la misma claridad sobre qué aprendizajes son irrenunciables», matiza. En Secundaria y Bachillerato, por su parte, «la situación es más delicada». Resalta los currículos cada vez más extensos y, al tiempo, «con una menor exigencia académica real por una concepción errónea de que todos los alumnos deben cursar un grado universitario». Y el resultado es una disonancia: «Se pide mucho en teoría, pero se evalúa poco en la práctica, lo que acaba perjudicando especialmente a los alumnos más vulnerables». En conjunto, no cree que el sistema esté en colapso, «pero sí en una encrucijada: o recupera una visión clara de su misión o corre el riesgo de convertirse en un mero dispositivo asistencial sin ambición educativa». Desde la Sociedad Española de Pedagogía (SEP) hacen referencia a las disfunciones o carencias en el funcionamiento de un sistema complejo. En primer lugar, destacan la gran inestabilidad de las políticas educativas, que da lugar a cambios frecuentes de las normas que van unidos poco tiempo para consolidar las reformas que conllevan. «Además, la escasa cultura de evaluación rigurosa de lo que funciona y lo que no dificulta que los centros y el profesorado desarrollen proyectos educativos sólidos a medio plazo», indica Coral González Barbera, miembro de la junta directiva de la SEP. En segundo lugar, hablan de un déficit en lo que se puede llamar justicia social y/o educativa. «El rendimiento y las trayectorias del alumnado siguen estando demasiado condicionados por el origen socioeconómico, la región o comunidad o el tipo de centro», añade. «Lamentablemente siguen dándose fenómenos de segregación escolar, tasas muy altas de repetición y un abandono temprano que se concentra en los contextos más vulnerables», matiza. Y un tercer aspecto que apuntan es el relacionado con el modelo pedagógico actual. «Convivimos con currículos sobrecargados de contenidos no siempre útiles, en algunos casos memorísticos, y una cultura evaluativa centrada en la calificación y la certificación y no tanto en el sentido formativo que debería tener los procesos de evaluación», cuenta Luis Lizasoain Hernández, también miembro de la junta directiva. Tampoco se puede olvidar el tema de la gobernanza porque consideran que la distribución de competencias entre administración central y autonómica no siempre va acompañada de los mecanismos de coordinación y de rendición de cuentas compartida que un sistema tan descentralizado necesita. «Eso genera desigualdades territoriales y una sensación de '17 sistemas' en lugar de uno con estándares mínimos garantizados», explica Lizasoain. Problemas complejos e interrelacionados que afectan a distintos niveles, pero no por ello inabordables. Tal y como apunta Fernando Martínez Abad, otro de los miembros de la junta directiva de SEP, la investigación comparada muestra que los sistemas que mejoran de forma sostenida suelen combinar tres ingredientes: «Estabilidad de las políticas en el tiempo, inversión suficiente y sostenida en educación, y un desarrollo deliberado de la capacidad profesional de los centros y del profesorado». Entiende que en España el reto no es tanto identificar qué habría que hacer «como ser capaces de mantener un rumbo estable, invertir de manera continuada y proteger las políticas basadas en evidencia científica de los vaivenes partidistas». A pesar de los problemas existentes se han producido mejoras a lo largo de los años, como la reducción del abandono escolar (del 31% en 2002 al 13,0% en 2024), «aunque aún lejos del objetivo europeo del 9% para 2030», resalta Ismael Sanz. La FP Media ha mejorado su reputación y atractivo «y la tasa de inserción laboral de los graduados en FP Media alcanza el 58% tres años después de finalizar», avanza el docente. En cuanto a la escolarización temprana, España supera las medias de la OCDE y la UE en escolarización de 0-2 años y tiene prácticamente cobertura total entre 3-5 años. Las tasas de repetición han bajado tanto en Primaria como en ESO, aunque siguen siendo muy superiores a las de otros países de la OCDE. «El problema es que parte de esta reducción de la repetición ha podido ser artificial, gracias a la flexibilización de las promociones», reconoce Sanz. Además, los estudiantes que terminan la ESO continúan mayoritariamente estudiando FP Media o Bachillerato, «un cambio importante respecto a décadas anteriores», matiza. Carlos Ortiz habla también de una mejora de la atención a la diversidad, con más recursos de orientación, detección temprana y apoyo personalizado. «No obstante, todavía queda mucho camino por recorrer para atender de la mejor forma posible las diferencias de cada alumno». Detecta igualmente una mayor sensibilidad hacia el bienestar emocional del alumnado , «una dimensión antes ignorada y hoy imprescindible». Y cree que la apertura metodológica «ha permitido introducir aprendizajes más activos, competenciales y conectados con la realidad». Pero a pesar de las mejoras, cree que el problema muchas veces está en que se han implantado sin una arquitectura pedagógica clara, «como si innovar fuese un fin en sí mismo y no un medio al servicio del aprendizaje profundo». Además, se ha sobrecargado la labor del maestro, «haciendo de ellos superhéroes que deben llegar a todo, lo cual es inviable y provoca hastío y cansancio real en una profesión –en España– muy cuestionada», añade. La SEP reconoce el enorme valor que atesoran las evaluaciones PISA para comprender cómo funcionan los sistemas educativos individualmente y en perspectiva comparada, pero creen que su lectura debe realizarse con cautela, ya que no representan un termómetro exacto de la calidad educativa. En el caso español, «su potencial se ha visto reforzado en los últimos ciclos por la disponibilidad de muestras representativas por comunidad autónoma, lo que permite analizar desigualdades territoriales con mayor precisión», apuntan desde la junta directiva. Y recuerdan que el informe PISA , más allá de evaluar las competencias de los estudiantes en ciencias, lectura y matemáticas, «recoge una cantidad extraordinaria de datos sobre el contexto educativo que es clave para entender los resultados alcanzados y, sobre todo, para identificar palancas de mejora». Entre los aspectos positivos destacan «una capacidad relativamente mayor a otros contextos para compensar desigualdades de origen y servir como correa de transmisión del ascensor social». En cuanto a las principales sombras, «las grandes diferencias entre comunidades autónomas surgen como un reto y preocupación fundamental que debe ser abordado en los próximos años». Y recuerdan que el sistema educativo español se sitúa de forma consistente en niveles muy próximos a la media de los países de la OCDE y del entorno europeo, que presentan en general tendencias muy similares. Otra de las preguntas habituales que se plantean es si modelos educativos que triunfan en otros países son extrapolables en España. «Sí, pero con matices importantes. No se pueden copiar y pegar políticas de otros países, pero sí aprender de ellas y adaptarlas a nuestro contexto», indica el director del área de Educación de Funcas. De países como Estonia e Irlanda se puede aprender «una mayor autonomía pedagógica a los centros educativos y un sistema de carrera docente basado en competencias»; de Singapur y países asiáticos «currículums estructurados y graduales en matemáticas y un enfoque en profundidad más que en amplitud» y de Reino Unido «observación de clases entre docentes, fonética sintética para la enseñanza de la lectura y uso de evidencia empírica para guiar políticas educativas», pone como ejemplos. El director del Colegio CEU San Pablo Sanchinarro recuerda que los sistemas educativos que funcionan o funcionaban en países como Finlandia, Corea, Canadá o Singapur «tienen contextos culturales, sociales y profesionales muy distintos» y pone en valor algunos de sus principios como «alta valoración social del profesor, la claridad en los objetivos de aprendizaje, estabilidad normativa y evaluaciones exigentes y justas». Entiende que lo que necesita España es «reconectar con lo mejor de su propia tradición educativa, actualizándola con inteligencia y sin complejos». Tal y como recuerda la SEP, «la transferencia directa de modelos de éxito rara vez funciona y, en algunos casos, puede incluso resultar contraproducente». Y en el caso de España, no es necesario mirar exclusivamente al exterior: «Comunidades autónomas como Castilla y León combinan niveles elevados de rendimiento con bajas cotas de desigualdad, cuyo modelo de éxito ha sido objeto de estudio tanto a nivel nacional como internacional».