Alguien me dijo, y no le faltaba razón: «Manejar el silencio es más difícil que mejorar las palabras».En la medida que crecemos y maduramos nos solemos esforzar por mejorar las palabras, por hablar mejor y con más precisión, pero olvidamos manejar debidamente el silencio. Se ha escrito que se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar.