El largo invierno y la soledad de algunas zonas turísticas de Mallorca se convierten en dos aliados para quienes hacen de la okupación un negocio. Y, de paso, promover un fenómeno como el de la inquiokupación, realquilando las viviendas que asaltan en ausencia de sus moradores, que se ven sorprendidos por estas actuaciones que les suponen un dolor de cabeza a nivel económico, judicial y, en ocasiones, hasta personal y laboral.