El fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos declarando ilegales los aranceles impulsados por el presidente Donald Trump, no solo redefine la política comercial de Estados Unidos: reafirma el peso de los contrapesos institucionales en la mayor economía del mundo y recuerda que, incluso en tiempos de tensiones económicas globales, el poder presidencial encuentra límites en el Estado de derecho.