Elon Musk es un personaje peculiar. Tiene por costumbre prometer cosas imposibles, no disculparse cuando se demuestra que eran imposibles, y a continuación prometer otra cosa distinta, también imposible. Y no le ha ido mal, porque es el hombre más rico del mundo, por sus participaciones en las empresas que promueve. Los accionistas disculpan sus falsas promesas y sus cambios de rumbo porque, simultáneamente, sus acciones se revalorizan, aunque con periódicas caídas. De ahí las fusiones y patadas adelante. Ahora está prometiendo robots humanoides y robo taxis a la vuelta de la esquina. Genio y figura.