Príncipes verdes

Érase una vez, un país muy, muy lejano, en el que vivía un singular príncipe que acabó detenido por la justicia. Le llamaban ‘el príncipe Verde’ porque, jamás, había tenido la categoría suficiente para llegar a ‘Azul’. Nunca fue un ser amable, ni generoso, ni paciente… ni trabajador. Por el contrario, era un ser sin encanto, un inútil mimado que rebosaba egoísmo, lleno de caprichos, que se creía con derecho a cualquier cosa porque todo le parecía insuficiente para él. En realidad, la nada era su mayor logro personal: no hacer nada, no aportar nada a su mundo. Su inutilidad era tal que la acidez amarilla de saberse una insignificancia le había corroído siempre de manera que había intoxicado sin piedad ese azul que, por sangre, le correspondería en otras circunstancias, como a cualquier príncipe de cuento. Así, un verde agrio le invadió constantemente, durante toda su vida.