Los dirigentes de los municipios gallegos bañados por el mar están desesperados. Los devastadores efectos del tren de borrascas que los ha castigado durante semanas no son fáciles de corregir y suponen tanto un despliegue de medios humanos y materiales, del que no siempre es posible disponer, como un igual de importante desembolso económico, que tampoco resulta sencillo conseguir.