El laberinto de la justicia

Detrás de los fríos números con los que medimos la actividad judicial hay personas esperando justicia. No estadísticas, sino vidas atascadas, víctimas que siguen suspendidas en el tiempo. Llevamos años intentando poner remedio a la lentitud desesperante de la Justicia: hemos creado nuevos juzgados, inventado los juicios rápidos primero y luego los inmediatos, hemos reformado leyes para evitar que los delitos prescriban con el paso del tiempo y queden impunes. Aun así, el péndulo judicial sigue moviéndose al ritmo de la desigualdad y golpea demasiadas veces a la víctima.