Analizan cómo el calor asociado puede cambiar una de las tradiciones de Catalunya más emblemáticas y admiradas en el mundo

Cambio climático - Las series meteorológicas tomadas desde mediados del siglo XX hasta 2023 reflejan ascensos de entre 0,3 y 0,4 grados cada diez años en Valls, Tarragona y Vilafranca del Penedès El esfuerzo coordinado de decenas de personas permite levantar estructuras humanas de varios pisos que solo se sostienen si cada cuerpo ocupa su lugar exacto. Los castellers en Catalunya forman torres humanas que se construyen en plazas y fiestas locales, y lo hacen para celebrar encuentros, mantener una tradición y reforzar la vida en grupo. Cada actuación se organiza en torno a una colla, que entrena durante meses para colocar la base, subir pisos intermedios y coronar la figura con un niño que alza la mano. La finalidad no es solo alcanzar altura, también demostrar equilibrio y coordinación ante el público. Esa exposición al aire libre y en pleno calendario festivo deja la actividad sujeta a las condiciones ambientales , y exige conocer hasta qué punto el calor puede alterar su desarrollo. El aumento del termómetro obliga a revisar cómo se organizan las jornadas festivas en verano Ese condicionante ha llevado a la Universitat Rovira i Virgili, con el apoyo de Repsol, a analizar cómo el aumento de temperaturas vinculado al cambio climático incrementa el riesgo en las diades castelleras y obliga a plantear medidas de adaptación. El trabajo, titulado Reptes del fet casteller davant del canvi climàtic , parte de la idea de que el incremento térmico atribuible a la actividad humana eleva la probabilidad de que episodios de calor intenso coincidan con estas jornadas. La investigación estudia una práctica que se celebra sobre todo entre junio y septiembre, aunque el calendario actual se extiende de febrero a noviembre, y examina cómo esa ampliación temporal convive con veranos cada vez más cálidos. Los especialistas recogen la opinión de 109 participantes de diez grupos que sitúan el rango ideal entre 18 y 25 grados El análisis del registro meteorológico entre 1951 y 2023 confirma una subida continuada de las temperaturas durante las diades de verano. Según la Universitat Rovira i Virgili, los incrementos se sitúan entre 0,3 y 0,4 grados por década en municipios con tradición castellera como Valls, Tarragona y Vilafranca del Penedès. A la vez, aumentan los días con índices de calor clasificados como “precaución” y “precaución máxima”, lo que introduce una presión añadida sobre quienes participan en las torres. Ese patrón no responde a episodios aislados, sino a una tendencia prolongada que afecta de lleno a los meses importantes de actividad. Las mediciones en plazas confirman diferencias claras entre sol, sombra y zonas urbanas Para obtener datos directos sobre el terreno, el equipo instaló sensores de temperatura y humedad en distintas plazas durante 2024 y 2025. Las mediciones muestran que en la mayoría de las diades analizadas se superaron los 30 grados, con diferencias claras entre zonas expuestas al sol y espacios en sombra. Además, las plazas urbanas registraron valores superiores a los del entorno rural cercano, un contraste que los investigadores relacionan con el efecto de isla de calor urbana. Esa diferencia implica que el mismo municipio puede ofrecer condiciones distintas según el lugar concreto donde se levanten las torres. Los sensores colocados en 2024 y 2025 detectaron valores por encima de 30 grados en muchas convocatorias El estudio incorporó también la percepción de 109 castellers pertenecientes a 10 colles a través de talleres participativos. Los participantes situaron el rango óptimo de trabajo entre los 18 y los 25 grados , y fijaron los 35 grados como umbral extremo para garantizar la seguridad. La investigación propone ajustar horarios y reforzar recursos para mantener la seguridad A partir de esas aportaciones y de los datos recogidos, los investigadores plantean ajustar horarios y reducir la duración de algunas diades cuando las previsiones apunten a calor elevado. También proponen habilitar zonas de sombra, asegurar agua fresca y revisar la dotación sanitaria disponible en las plazas. El trabajo ha sido impulsado por el Departament de Geografia de la Universitat Rovira i Virgili en el marco de la Càtedra URV per a l’Estudi del Fet Casteller, un espacio dedicado a estudiar esta tradición desde distintas perspectivas. La investigación no se limita a describir el problema, sino que ofrece herramientas para que las colles puedan anticiparse a escenarios más exigentes. La tradición castellera tiene raíces que se remontan a finales del siglo XVIII, hacia la década de 1770 en Valls, en la provincia de Tarragona. Surgió como evolución del Ball de Valencians , una celebración que concluía con pequeñas torres humanas y que con el tiempo centró su atención en ganar altura y complejidad. Esa transformación dio lugar a una práctica que hoy forma parte del patrimonio cultural y que se ha extendido por toda Catalunya. Mantenerla activa en un entorno con veranos más calurosos exige adaptar horarios, espacios y organización para que cada torre pueda levantarse con las mismas garantías que hace décadas.