Señoras y señores, me alegro. Buenos días. Es jueves, 26 de febrero. Cadena COPE se dispone a hacer una interesante programación especial sobre cómo trabajamos en España, desde el paro persistente a los puestos que no se cubren, a pesar del paro. Solo irán a lo largo de la mañana. Hemos sabido que vendrá el Papa a España. En el anterior estuvo quince años y no vino nunca. No vino aquí ni a ningún país. Entiéndase: en el de Estados Unidos no fue a Francia. Y esto es lo primero que hace desde que ha llegado: vendrá del 6 al 12 de junio. Imagínense que esta casa estará en todos los lugares que visite el Papa. Bueno, y fíjense la sensación de España, qué país es España, qué casualidades ocurren: que Antonio Tejero irrumpió en el Congreso, en el 81. No ya que iba a fracasar la asonada, que iba a estar quince años en la cárcel, sino que iba a morir el día en el que el Gobierno de España desclasificaba una parte de los documentos del 23-F. Las cosas que pasan. Desclasificación que no ha traído nada nuevo, que no ha convertido ni ha trasladado ninguna de las incógnitas que algunos puedan tener o que algunos querían intencionadamente tener. Al contrario, ha reafirmado el papel del rey Juan Carlos I. Pero bueno, más o menos ya lo sabíamos. Esto se ha tratado de conseguir entretener, y es entretenido acceder a ese tipo de papeles, aunque sea para que no te den nada y para que durante dos días no se hable de los fragmentos de Adif, de la juez del escándalo de la juez de Catarroja y de todos los problemas que atenazan a este Gobierno. Si lo que se quería era enfangar a Juan Carlos, se ha pinchado en hueso. Evidentemente, la figura de Juan Carlos sale reforzada. El rey vuelve a parar el golpe. El rey Juan Carlos —me lo ha contado a mí—, aquella tarde, en la conversación con Milans del Bosch, tuvo cuatro, según estos papeles. Pero en una de ellas… eh… la primera, hombre, utilizó una cierta cercanía afectiva, pero lo dijo: «Te estoy hablando en términos militares», muy duros y muy severos. Y Milans le contesta: «Estoy en esto, señor, para salvar la Corona, para salvar a Vuestra Majestad». Tal cual dice: «Jaime, ya sé que eres muy leal y todo lo que tú quieras, pero te estoy mandando que vuelvas a meter los carros de combate en la división». «Señor, no puedo. Salvaré a la Corona porque hay que salvarla de todo esto». «Salvar la Corona me encargo yo, Jaime», le dijo el rey. «Ya sabes lo que te estoy ordenando». No lo hizo. Como todo el mundo sabe, estuvo hasta las cuatro de la mañana por las calles de Valencia. Bueno, pues él, el mismo rey, se preocupó. Se preguntaba en no pocas ocasiones qué clase de golpe de Estado era ese. «Pero vamos a ver, ¿qué clase de golpe de Estado es que no rodeen al jefe del Estado, lo inutilicen, le corten el teléfono? El rey se pasó la tarde hablando por teléfono. No le cortaron el teléfono. No solo no le cortaron el teléfono, sino que además no ocuparon todos los medios de comunicación: fueron solo Televisión Española y Radio Nacional de España. Pero, hombre, por favor —decía el rey—, yo me acordaba del golpe militar a mi cuñado Constantino en Grecia, en el 67, y me di cuenta de que aquello era un desastre, porque yo llevaba dos horas con todas las comunicaciones funcionando». No te pierdas el resto del análisis de Herrera en el audio adjunto.