España se sitúa como uno de los países con mayor nivel de conocimiento sobre el coche autónomo. Un 94% de los encuestados afirma conocer esta tecnología, lo que demuestra que la conducción sin intervención humana ha dejado de ser una fantasía de ciencia ficción para convertirse en una realidad tangible en el imaginario colectivo de los conductores españoles. Son datos del reciente informe «Bosch Tech Compass 2026» que revela una sociedad dividida, ya que mientras los jóvenes abrazan la automatización, crece la preocupación por la ciberseguridad y el ritmo «excesivo» de los avances entre los conductores de mayor edad. El informe destaca que el conocimiento y la aceptación del vehículo autónomo escalan significativamente entre los jóvenes de 18 a 29 años, donde el porcentaje de interés sube del 25% al 31%. Los futuros usuarios de las vías españolas dan prioridad, según el estudio, a una movilidad que promete ser más segura y eficiente, delegando la responsabilidad del volante a sistemas inteligentes que minimicen el error humano, responsable de la gran mayoría de los siniestros viales. Sin embargo, la implantación de la Inteligencia Artificial (IA) en la automoción no está exenta de claroscuros. Aunque el 54% de los españoles ve la tecnología como una oportunidad y un 55% cree que facilitará su vida diaria, existe una corriente crítica que pide cautela. Un 27% de la población admite sentir que el progreso avanza «demasiado rápido», una sensación de vértigo digital que se traduce en una demanda implícita de una transición más pausada y, sobre todo, más pedagógica por parte de los fabricantes. La seguridad es tanto la mayor promesa como el mayor miedo. El estudio arroja un dato preocupante para la industria: el 63% de los españoles teme los ciberataques. En un ecosistema donde el vehículo está permanentemente conectado a la nube, la posibilidad de que un tercero tome el control del software del coche es la barrera principal para la adopción masiva. Por otro lado, la percepción de la IA va más allá del propio vehículo y alcanza la interacción con el entorno. El 30% de los españoles ve con recelo a los robots humanoides, percibiéndolos como una amenaza potencial. Esta desconfianza «sugiere que, aunque estamos dispuestos a que un coche nos lleve al trabajo, todavía nos cuesta aceptar una integración total de entidades artificiales en tareas tradicionalmente humanas», explican desde Bosch, entendiendo que «la clave del éxito residirá en humanizar la tecnología sin que resulte invasiva». En el contexto global, España muestra una actitud pragmática. A diferencia de otros mercados donde el escepticismo es mayor, el conductor español medio valora positivamente la capacidad de la tecnología para conservar recursos naturales y mejorar la calidad de vida. No obstante, el reto para 2026 no será solo mejorar la precisión de los sensores LiDAR o los radares, sino convencer al usuario de que la IA es un aliado invisible y seguro, capaz de gestionar la complejidad del tráfico urbano sin fisuras.