Siempre hay un lienzo de Velázquez que Sevilla reclama al Gobierno de turno

Parece que Velázquez fuera sevillano sólo en sus efemérides y que el resto del tiempo, su figura y su genialidad adoptaran la impronta de aquellos lugares donde se exponen sus obras, repartidas por el mundo. Así ha sucedido cada vez que la ciudad ha conmemorado alguna fecha destacada en la biografía de Diego Rodríguez de Silva Velázquez, bautizado en la parroquia de San Pedro, donde se guarda la partida bautismal. Hace ahora 65 años, en febrero de 1961, la ciudad se aprestaba a celebrar el tricentenario de la muerte del pintor de 'Las meninas'. En 1999 se festejó por todo lo alto en el monasterio de la Cartuja el cuarto centenario de su nacimiento a través de una magna exposición con fondos procedentes del Prado, la National Gallery, Edimburgo, Chicago, los Uffizi, Hamburgo, Budapest o la ciudad francesa de Orleans, quizá para sacarse la espina de la caspitidisminuida efemérides de los años 60. El aniversario sevillano de 1961 fue más bien modesto. El régimen de Franco había organizado entre el 10 de diciembre de 1960 y el 23 de febrero siguiente una exposición en el Casón del Buen Retiro de Madrid titulada 'Velázquez y lo velazqueño' con 176 cuadros en la que brillaron la 'Venus del espejo' y 'El aguador' para los 86.744 visitantes de pago que tuvo. Luego, una parte de esa muestra se exhibió en Pedralbes, en Barcelona. La cuna de Velázquez tuvo su propia celebración. La conmemoración en Sevilla comenzó con una misa en San Pedro. «Al pie del altar mayor se levantó un severo túmulo, rodeado de blandones, y en la cabecera se colocó una birreta de la orden de Santiago, a la que perteneció el glorioso artista», señalaba la crónica de ABC del miércoles 1 de marzo. Una agrupación del regimiento Soria 9 con bandera y música rindió honores al ministro de Educación, Jesús Rubio García-Mina, invitado de excepción a los actos. El elogio fúnebre al término del pontifical correspondió al director de la Academia de Bellas Artes y canónigo José Sebastián y Bandarán. Tras una visita a la Universidad, el ministro se trasladó a las siete de la tarde al Museo de Bellas Artes, donde se inauguró la exposición conmemorativa 'Arte español de la época de Velázquez y algunas obras que se mencionan en su librería' compuesta por obras de coetáneos con las que disimular la notoria ausencia de un mayor número de piezas de la producción velazqueña que sí estaban en las muestras de Madrid y Barcelona. A la inauguración en el museo siguió una solemne sesión académica , en la que destacó la ponencia del eminente catedrático José María Maravall. El rector de la Universidad, José Hernández Díaz, luego alcalde de Sevilla entre 1963 y 1966, puso colofón al acto subrayando que la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría y la Universidad, con su Laboratorio de Arte, las que habían llevado «el peso de la conmemoración». Ahí llegó la reivindicación: que la 'Adoración de los Reyes Magos' del Prado, obra de juventud manufacturada en Sevilla por Velázquez, volviera a la ciudad para exhibirse en el Bellas Artes , que entonces sólo podía mostrar un original velazqueño, el 'Retrato de Cristóbal Suárez de Ribera'. Y que se restaurara convenientemente 'La imposición de la casulla a San Ildefonso' que poseía el Arzobispado y que vendió posteriormente al Ayuntamiento a cambio de una donación de 5 millones de pesetas por mediación de José María Benjumea Fernández-Angulo , uno de esos espíritus inquietos a los que Sevilla paga siempre con la moneda del olvido. Hasta la 'Santa Rufina' que tanto dio que hablar, no había más velázquez en la ciudad que lo vio nacer y donde se formó artísticamente. Es el triste sino de acordarse de Sevilla sólo para las efemérides.