¿Qué tienen en común el frenazo de una bicicleta, el chirrido de unas zapatillas de baloncesto sobre el parqué y un terremoto capaz de sacudir un continente? A simple vista, nada. Sin embargo, lo que percibimos como un sonido agudo y cotidiano es en realidad la manifestación acústica de un fenómeno físico extremo que ocurre a velocidades supersónicas en la frontera invisible entre dos materiales.