Hoy hace diez años, en pleno terremoto institucional tras la caída de Sepp Blatter, el suizo Gianni Infantino asumió la presidencia de la FIFA con un discurso centrado en la regeneración, la transparencia y la modernización. Una década después, es momento de hacer balance de una gestión con avances indiscutibles en ingresos y expansión global, pero con sombras en aspectos como la transparencia.